Sudáfrica, oficialmente República de Sudáfrica, es un país soberano situado en la zona austral del continente africano, donde es el noveno Estado más extenso pero también la economía más grande. Sudáfrica limita al norte con Namibia, Botsuana y Zimbabue, al este con Mozambique y Esuatini y al sur con los océanos Atlántico e Índico, que bañan sus 2.798 kilómetros de costa. El mapa político del país también mantiene una frontera interna con Lesoto, país que se encuentra rodeado enteramente por territorio sudafricano.
El mapa político de Sudáfrica se organiza, desde el fin del régimen del apartheid en 1994, en nueve provincias: Limpopo, Mpumalanga, KwaZulu-Natal, Noroeste, Gauteng, Estado Libre, Cabo Oriental, Cabo Septentrional y Cabo Occidental.
Sus más de 60 millones de habitantes se reparten de manera desigual. La provincia más poblada es Gauteng, que alberga la ciudad de Johannesburgo, una de las metrópolis más grandes del mundo, principal centro económico y financiero del país y que supera los 10 millones de habitantes en su área metropolitana. También en Gauteng está la ciudad de Pretoria, capital ejecutiva de Sudáfrica. Por su parte, la provincia menos poblada es Cabo Septentrional, situada en la mitad oeste del Sudáfrica y con capital en Kimberley.
La distribución desigual de la población tiene mucho que ver con el clima y relieve del país. Así, las áreas más densamente pobladas coinciden con las regiones más fértiles y de clima más moderado, como Gauteng y KwaZulu-Natal, mientras que las regiones más áridas son las menos pobladas, como Cabo Septentrional.
Sudáfrica es un país diverso que cuenta con once lenguas oficiales, siendo las mayoritarias el zulú —hablado por los 13 millones de miembros de la etnia—, el xhosa y el afrikáans, de origen indoeuropeo. Además, es el país africano con mayor población de ascendencia europea, debido a la colonización holandesa y británica que marcó profundamente su historia. A esto se suman comunidades indias y malayas, llevadas inicialmente como mano de obra en la época colonial, principalmente con destino a las plantaciones de caña de azúcar en Natal o como obreros para trabajar en la colonia neerlandesa de Ciudad del Cabo.
El estado moderno de Sudáfrica, resultado del fin del régimen segregacionista del apartheid y la Constitución del 1997, es una república parlamentaria, inspirada en el modelo británico de Westminster, pero en el que la jefatura de Gobierno y del Estado están unidas. Desde que se iniciara el nuevo régimen, han sido cinco los presidentes del país, el primero de ellos Nelson Mandela, primer mandatario negro del país y líder del nuevo Estado entre 1994 y 1999.
Una característica llamativa del sistema político de Sudáfrica es que no solo cuenta con una capital, sino con tres: el poder ejecutivo formado por el presidente y el gabinete reside en Pretoria, mientras que la Asamblea Nacional se encuentra en Ciudad del Cabo y el Tribunal Supremo en Bloemfontein.
El actual presidente, en el cargo desde 2018, es Cyril Ramaphosa, del partido político Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), el partido mayoritario del país que ha ganado todas las elecciones desde el cambio de régimen. El presidente lo elige el parlamento bicameral, formado por la Asamblea Nacional como cámara baja y el Consejo Nacional de las Provincias, la cámara alta. En la práctica, el presidente es el líder del partido mayoritario la Asamblea Nacional.
Antes de la reorganización provincial, desde 1910 a 1994 el país se dividió en cuatro provincias o regiones históricas: El Cabo, Natal, Estado Libre de Orange y Transvaal. Además, durante el apartheid, existían diez bantustanes, enclaves semiautónomos donde se separaba a la población no blanca en el marco de las políticas segregacionistas.
Si bien el régimen segregacionista terminó a finales del pasado siglo, y hoy en día la bandera sudafricana es la de la diversidad, lo cierto es que la herencia de esos años todavía se hace notar, sobre todo en las profundas desigualdades socioeconómicas y de propiedad de la tierra. De hecho, cerca del 80,6% de la riqueza del país esta en manos de tan sólo un 10% de la población, conformado por blancos terratenientes —que son apenas el 8% el de los habitantes— y otros grupos muy conectados a las élites políticas, según recoge un sobre desigualdad del Banco Mundial.
En el ámbito global, Sudáfrica es el único miembro africano del G20 y de los BRICS —el bloque de las economías emergentes—, lo que resalta su importancia geopolítica. Es un firme defensor del multilateralismo, con una activa participación en Naciones Unidas, especialmente en temas de derechos humanos y cambio climático. Además, Sudáfrica desempeña un papel clave en el Movimiento de los No Alineados, y ve en los BRICS una plataforma para fortalecer la voz del Sur global.







