Es conocido que Italia es un país de contrastes, con un norte perteneciente al centro económico de Europa y un sur que es plena parte de la periferia comunitaria. El mapa del I+D en Italia muestra estos contrastes, y es esta variable la que en gran medida explica el resto de diferencias socioeconómicas en el país.
La localización del norte de Italia en el corazón de Europa resulta afortunada, ya que la región forma parte de la banana azul europea. Pero la prosperidad del territorio cisalpino (el norte del mapa de Italia) está en los distritos industriales que, centrados en el valle del Po (Padania) y Toscana, constituyen un ecosistema empresarial hiperproductivo dominado por pequeñas y medianas empresas y basadas en el I+D continuo, donde cada ciudad se especializa en un producto.
El origen de estos distritos industriales está en las antiguas ciudades-Estado del norte de Italia que, frente al unido reino de Dos Sicilias en el sur, empezaron a innovar para poder sobrevivir en una zona muy competitiva y con numerosas amenazas. Primero militarmente, pero después también en las artes, dando lugar al surgimiento del Renacimiento y la industria.
El vinagre de Módena, el queso parmesano reggiano, el grana padano, el gorgonzola o la salsa boloñesa son algunos de le los alimentos más conocidos de la comida italiana, y las ciudades y territorios que les dan nombre (Módena, Parma, Reggio Emilia, el valle del Po y el pueblo de Gorgonzola) se corresponden con estos núcleos industriales que empezaron con productos alimentarios básicos, pero que han ido evolucionando a otros mucho más elaborados. Módena, con unos 500.000 habitantes, es la sede de Maserati y Ferrari; Turín (1.3 millones) la de Alfa Romeo, Fiat y Lancia; y Sant’Agata Bolognese (7.000 habitantes) la de Lamborghini.
Localidades de muy diferentes tamaños pero que gracias a su inversión en I+D pueden competir entre ellas. La clave del éxito del norte de Italia es tener muchas ciudades medias y una red urbana bien jerarquizada, donde cada una de las ciudades está especializadas en un producto y donde numerosas pymes tienen que competir entre ellas para acceder al mercado, y para ello es necesario innovar continuamente.
Sin embargo, la realidad del sur es bien diferente, con pocas ciudades medias, una red urbana desestructurada, una economía de base rural y escasos incentivos para la innovación. Como consecuencia, se da una inmensa brecha en el mapa de inversión en I+D en Italia: mientras que en la mitad norte se superan los 450€ de inversión en I+D por habitante de forma generalizada, todo el sur está por debajo de los 275€.
Los dos extremos del mapa de la innovación en Italia se da entre Emilia-Romaña —núcleo de los distritos industriales italianos—, con 761€ en I+D por habitante, y la sureña Calabria, que no alcanza los 100€ per cápita. Y estas siete veces de diferencia que separan el norte y el sur nos puede hacer una idea de los contrastes industriales y empresariales que encierra Italia y de las inmensas diferencias a salvar para corregir los importantísimos contrastes internos.
De hecho, las diferencias en inversión en I+D esconden también dos modelos económicos y sociales que se traducen en diferencias norte-sur en muchas otras variables, desde el paro y el fracaso escolar al valor añadido por hora de trabajo, pasando por las ayudas europeas.








