El Caribe es para muchos sinónimo de aguas cálidas y calmadas, tonos azul turquesa y playas infinitas de arena blanca. Referentes del turismo de masas como la Riviera Maya mexicana, los cayos cubanos o Punta Cana en República Dominicana han contribuido a formar esa imagen paradisíaca, un decorado a menudo simplista y artificial que no es sino la cara amable de una región atravesada por las drogas, los huracanes, los flujos migratorios, dramas humanitarios como el de Haití y diversas disputas marítimas.
De esta forma, el patio trasero de Estados Unidos no solo no es un destino pacífico y estable fuera de los resorts todo incluido, sino que además alberga algunos de los países más peligrosos del mundo. Es el caso de Jamaica, Honduras, Belice, Trinidad y Tobago o México, que figuran entre los primeros puestos del ranking global de homicidios intencionados.
En el plano geográfico, la región del Caribe está formada por el mar homónimo, las islas que hay dentro de él y las zonas costeras del continente americano. Se trata en total de más de setecientos islotes encuadrados entre las Antillas Mayores al norte; las Antillas Menores al este, que separan el Caribe del océano Atlántico; y las islas de Sotavento al sur, que hacen de barrera con el subcontinente sudamericano.
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