Alemania es el país más poderoso de la Unión Europea. Sus más de 80 millones de habitantes convierten al país en una potencia demográfica del continente europeo. Además, su elevado PIB, empujado por su potente sector industrial, y su posición en el centro del continente hacen de Alemania una pieza central en el mapa de la geopolítica europea.
De puertas hacia dentro, la geopolítica interna de Alemania está marcada por un hecho acaecido hace 30 años, y que cambió el mapa del país y del mundo y acabó con la Guerra Fría: la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana. Si bien, en realidad consistió en la anexión de la República Democrática Alemana o RDA (Alemania el Este) por la República Federal Alemana o RFA (Alemania Occidental).
Desde entonces, aunque unidas en un mismo país, las dos Alemanias han mantenido grandes diferencias culturales, sociales y, sobre todo, económicas. Estas van desde el sistema industrial, pasando por los servicios, hasta la configuración y extensión de las explotaciones agrarias. En este sentido, la antigua RDA tiene mayores tasas de desempleo, ha sufrido un acelerado abandono industrial o la desestructuración de su red urbana. Esto ha llevado a más de dos millones de ossis (alemanes del este) a emigrar a Alemania occidental.
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