El precio de enviar un contenedor ha aumentado un 238% en el último año; el del transporte marítimo de cereales y semillas, un 155% desde el comienzo de la pandemia; el de una canasta básica de alimentos —lácteos, cereales, carne, etc.— un 36,7% entre marzo de 2020 y septiembre de 2021; y el barril de petróleo brent marca su valor más alto de los últimos siete años. La nueva normalidad, además de mascarillas, ventilación y dosis de refuerzo, también ha llegado acompañada de un repunte del coste de la vida que se está haciendo notar en todo el mundo.
Así se desprende, al menos, de la edición de 2021 del índice de coste de vida en las principales ciudades del mundo de The Economist Intelligence Unit, empresa hermana de la revista británica The Economist. Según esta publicación, la tasa de inflación de los precios de más de 200 productos y servicios en las 173 urbes que monitorea es la más rápida registrada en los últimos cinco años, un 3,5% interanual frente a un 1,9% en 2020 y un 2,8% en 2019. ¿La razón? Una crisis transversal que está poniendo en apuros las cadenas de suministro globales y la reactivación del comercio tras casi dos años de emergencia sanitaria.
Con el estallido de la pandemia, muchos gobiernos se vieron obligados a limitar la movilidad y a cerrar fronteras para frenar los contagios, lo que provocó que multitud de empresas detuvieran su actividad o directamente echaran el cierre. Una vez esa fase de descontrol quedó atrás, el mayor conocimiento del virus y sobre todo las vacunas permitieron a los ciudadanos recuperar poco a poco su ritmo de vida. Sin embargo, ni la producción de materias y bienes funcionaba aún con normalidad ni el poder adquisitivo de los consumidores era el mismo, ya que los estímulos fiscales y las ayudas directas destinados a limitar el impacto de la pandemia —junto con el prolongado cierre del ocio— impulsaron el ahorro.
Por todo ello, a la reapertura le ha seguido un aumento de la demanda para la que el tejido productivo no estaba preparado, lo que ha dado lugar a una escasez preocupante de combustibles, materias primas y otros productos de alto valor añadido como los microchips. Y todo esto redunda en última instancia en el día a día de los ciudadanos, que ahora deben pagar un 21% más por un litro de gasolina que hace un año —el transporte, es de hecho, el sector donde The Economist ha identificado un encarecimiento más pronunciado—.
En el mapa del coste de vida en las principales ciudades del mundo, Tel Aviv, la capital de Israel, lidera la clasificación de las más caras por primera vez tras ocupar el quinto lugar en 2020, desplazando a París (Francia) y Singapur a la segunda plaza. La fortaleza de su moneda, el séquel, y el aumento de los precios del alcohol, la alimentación y el transporte son las causas principales.
Particularmente llamativos son los casos de Roma (Italia), que ha descendido desde la posición número 32 a la 48 como consecuencia de una fuerte caída en los precios de la compra y la ropa, y Teherán (Irán), que ha escalado hasta la plaza vigésimo novena —procedía de la número 79— fruto de la reimposición de sanciones por parte de Estados Unidos.