Cerca de 114 millones de puestos de trabajo destruidos y 120 millones de personas que han sucumbido a las fauces de la pobreza. La crisis económica provocada por la pandemia de coronavirus ya hace meses que se convirtió en una de las peores recesiones del último siglo. Pero como suele ocurrir con este tipo de implosiones económicas, no todas las personas se han visto igual de afectadas. Según numerosos organismos internacionales, entre ellos Naciones Unidas, el virus está redibujando el mapa de la desigualdad de ingresos en el mundo, donde se ha impuesto una lógica abrupta de dos velocidades: mientras que las capas más pobres se hunden en el precipicio de la exclusión, la población más acomodada hace ya mucho tiempo que se ha recuperado del shock económico.
Basta mirar lo que ha sucedido con algunas de las personas más ricas del mundo: según asegura la ONG Oxfam, las mil mayores fortunas del mundo ya habían recuperado a comienzos de 2021 las pérdidas ocasionas por la covid-19. Las diez personas más ricas, por su parte, han visto cómo su patrimonio ha aumentado en 540.000 millones de dólares durante el mismo periodo. La consultora financiera Credit Suisse y la revista Forbes también han advertido recientemente sobre el aumento acelerado, en plena era pandémica, del número de millonarios que hay en el mundo.
La concentración de grandes cantidades de riqueza en unas pocas manos, en cualquier caso, no es un fenómeno exclusivo de los últimos años, en los que se han sucedido varias crisis económicas de gran magnitud. Desde los años ochenta, cuando el neoliberalismo impulsado desde Estados Unidos y Reino Unido se impuso como el principal consenso económico, la financiarización de la economía, junto con una fuerte regresión en el sistema fiscal, han conducido a un importante repunte de las cifras de desigualdad, sobre todo en el mundo desarrollado.
Si bien no ha sucedido lo mismo en todas partes, las cifras recopiladas por el World Inequality Lab muestran una situación difícilmente digerible: más de la mitad de los ingresos nacionales que se generan en el mundo —donde se incluyen los ingresos del capital y del trabajo antes de impuestos— están acaparados por el 10% más rico de la población. En el caso del 1% más acaudalado, hasta una quinta parte de la renta nacional se encuentra en sus manos.
Pese a que desde 1980 la desigualdad de ingresos se ha incrementado rápidamente en Norteamérica, China, India y Rusia, las cifras siguen mostrando importantes diferencias entre regiones y países. En gran parte del continente americano, África, Oriente Próximo y el sudeste asiático la concentración de ingresos naciones en el decil más rico de población supera el 40%, con países donde este pequeño grupo de población llega a acaparar dos terceras partes de la renta nacional.
En Europa y otros países como Australia, sin embargo, la desigualdad de ingresos es más moderada, pero sigue siendo relativamente alta: Eslovaquia, donde el decil más rico de la población controla un 27% de la renta nacional, es el país donde menos concentración de ingresos se registra.
La desigualdad de ingresos en las empresas más grandes de Estados Unidos
Recientemente, y en contexto de la última gran cumbre del clima celebrada en Glasgow, el World Inequality Lab también ha publicado varios estudios sobre la desigualdad que se esconde tras las emisiones contaminantes producidas por la acción humana. En este sentido, las cifras indican que Norteamérica y Europa son responsables de cerca de la mitad de todas las emisiones de gases de efecto invernadero que se han registrado desde la Revolución Industrial, mientras que África subsahariana apenas llega al 4%.
Según el centro de investigación, donde coinciden economistas como Gabriel Zucman y Thomas Piketty, las emisiones de 1% de la población que más contamina han aumentado mucho más rápido que las de cualquier otro grupo desde 1990, principalmente debido al aumento de la desigualdad económica y al peso del carbono en las grandes inversiones financieras.