El éxtasis, cristal o MDMA es una droga sintética perteneciente a la familia de las anfetaminas. Sus efectos incluyen una sensación de aumento de la energía, hiperactividad, euforia e intimidad con los demás. No tiene aplicación médica reconocida y su uso está estrechamente relacionado con el ocio nocturno y el uso recreativo, siendo los hombres de entre 18 y 25 años los principales consumidores.
Según el World Drug Report de la ONU de 2023, Países Bajos y Australia están a la cabeza del consumo de esta sustancia en el mundo: un 3,9% y 3% de la población adulta de estos países reconoce, respectivamente, haber tomado éxtasis en algún momento del último año. El sudeste asiático y Sudamérica registran, por su parte, las menores tasas de consumo de entre los países con datos disponibles.
El MDMA fue sintetizado por primera vez en Alemania en 1914, aunque nunca llegó a comercializarse ni a demostrarse su eficacia clínica. Durante los años setenta se usó de forma experimental en algunos tratamientos psiquiátricos, al tiempo que comenzaba a popularizase como droga recreativa ligada al mundo de la contracultura.
Pese a que entre 1984 y 1986 la OMS y la Administración de Control de Drogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés) incluyeron el éxtasis en la lista de sustancias ilegales, fue justo a finales de esta década cuando el consumo de la sustancia se generalizó en el mundo del ocio nocturno, convirtiéndose en uno de los símbolos del movimiento acid house y de las fiestas clandestinas (rave, por su nombre en inglés).
Según datos de la ONU, en 2018 había alrededor de veinte millones de consumidores de MDMA en el mundo, la mayoría concentrados en países desarrollados, donde la demanda es mucho mayor. De hecho, gran parte del éxtasis que se consume en Europa se fabrica en laboratorios ilegales de Países Bajos, uno de los mayores productores de drogas sintéticas ilegales del mundo.
Al tratarse de una sustancia sintética, la industria del éxtasis no está ligada a zonas concretas de cultivo, lo que hace más complicado trazar la localización de los laboratorios. Esta es la principal diferencia con otras drogas como los opiáceos, cuyo consumo es popular también en países en vías de desarrollo, más cercanos a las zonas de producción.
A nivel médico, y aunque el MDMA provoca una adicción mucho menor que otras drogas, su consumo prolongado puede aumentar las probabilidades de sufrir depresión y ansiedad por los efectos tóxicos de la droga. A corto plazo, puede provocar dilatación de las pupilas, bruxismo y pérdida parcial del sentimiento de dolor físico.
La forma más común de comercializar el éxtasis es en pastillas individuales. Su precio es variable, pero suelen ser relativamente baratas, lo que las hace accesibles para los jóvenes. Los australianos, segundos en consumo, pagan una media de dieciocho euros por una pastilla de éxtasis, mientras que en Europa la media de precio está entre los siete y los diez euros por pastilla. El aumento del precio en Australia, por ejemplo, tiene que ver con la distancia a las zonas de producción, ya que Australia o EE.UU. están entre los principales destinos de las drogas sintéticas fabricadas en Países Bajos y Bélgica.








Artículo muy pobre con datos obsoletos y sin documentación contrastada. Por ejemplo, desde hace años varios los países lo utilizan junto con psicodélicos y siempre bajo supervisión médica controlada para tratar casos de estrés postraumático, por ejemplo.