La cocaína, científicamente conocida como benzoilmetilecgonina, es una potente droga psicotrópica ilegal procedente del tratamiento de la hoja de coca (Erythroxylum coca), un arbusto originario de los Andes de Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile, Perú y zonas de Argentina que lleva empleándose de manera medicinal desde hace milenios por parte de las culturas de la gran cordillera.
Según el World Drug Report de 2023, la cocaína es la cuarta droga más consumida del mundo después del cannabis, los opiáceos y opioides y las anfetaminas, con 22 millones de consumidores en todo el globo. Lidera el consumo Australia, donde un 4,2 % de su población confirma haber consumido cocaína durante 2019, último año con datos disponibles. En cuanto a centros de consumo, le siguen Estados Unidos y Europa occidental y central, donde destacan países como España, Reino Unido o Austria.
La cocaína se encuentra principalmente en polvo, y suele estar cortada con otras sustancias para abaratar costes y aumentar la cantidad. La mezcla de la cocaína procesada con bicarbonato de sodio o amoníaco se conoce popularmente como crack o cristal (por su apariencia que recuerda a pequeños cristales) y es otra de las maneras más comunes en las que se encuentra la cocaína en las calles.
A nivel comercial, la producción de cocaína se concentra en Colombia, dónde en 2020 se aglutinaba el 61% del cultivo mundial del arbusto de coca. Le siguen Perú y, en menor medida, Bolivia, con el 26% y 13% del cultivo, respectivamente.
Desde Latinoamérica, esta droga se dirige hacia mercados de alto poder adquisitivo como Estados Unidos, Europa, el golfo Pérsico y la región de Asia-Pacífico. Es en esta etapa de distribución en la que intervienen con mayor intensidad las organizaciones criminales más potentes, como los cárteles.
El consumo de cocaína se concentra en los países desarrollados, tal y como ocurre con otras drogas recreativas como el éxtasis. En Estados Unidos, la mayor parte de la cocaína consumida proviene de Colombia. Sin embargo, el informe Global Cocaine Report de la ONU destaca un cambio en las rutas de la cocaína hacia Europa. Cada vez más, los traficantes optan por no utilizar Colombia como punto de partida, prefiriendo en su lugar trasladar sus productos primero a Centroamérica y otros países de Sudamérica y después emprender la ruta hacia el Viejo Continente.
La cocaína procedente de Perú o Bolivia sigue la llamada ruta del Cono Sur a través de Paraguay y de la hidro vía Paraná-Paraguay. Los grupos delictivos, muchos de ellos procedentes de Brasil, cruzan la frontera en avión para luego embarcar la droga en transportes que navegan por el río hasta llegar al océano Atlántico.
En su llegada a Europa, el informe resalta también una diversificación en los centros de distribución de cocaína. Los puertos de Amberes, Rotterdam y Hamburgo, en Países Bajos, han superado por primera vez a los puntos clásicos de entrada de esta droga a Europa occidental, situados anteriormente en España y Portugal.
El precio al por menor de un gramo de coca varía mucho entre los diferentes países. En el año 2020, el precio en España estaba en 60 dólares, mientras que en Países Bajos alcanzaba los 41, según datos de la ONU. El mercado más lucrativo sería precisamente el australiano, dónde un gramo costaría más de 200 dólares. En precio, a Australia sólo le superan algunos países del golfo, como EAU o Arabia Saudita en los que los delitos por drogas conllevan penas de muerte.
De esta forma, los traficantes han establecido rutas más sofisticadas hacia Australia, aprovechando la lucrativa demanda y los crecientes precios en el país. Las recientes incautaciones de las autoridades australianas confirmaron que muchos de los cargamentos procedían de Argentina, siendo el Puerto de Newcastle el principal punto de entrada.
La compleja dinámica de la distribución de drogas hacia Australia refleja una red global de tráfico que involucra tanto a poderosas organizaciones transnacionales, como el Cártel de Sinaloa, como a actores locales, como las bandas de moteros, que actúan de distribuidores en el país. Esto subraya la importancia de la geopolítica de las drogas en a ecuación de la seguridad global, caracterizada por relaciones flexibles y acuerdos informales entre grupos locales y transnacionales difíciles de predecir.







