Cuando Paul y Jessica Atreides son secuestrados y expulsados de la ciudad de Arraken tras el ataque de los Harkonnen, madre e hijo son trasladados a algún punto del desierto que se localiza en el «borde sur de la Muralla Escudo» del planeta Arrakis. Sin mucha más referencia, los personajes, creados por el escritor Frank Herbert en 1965 para su novela Dune, consiguen liberarse de sus captores e inician un periplo por el desierto, donde un puñado de localizaciones salpican un enorme mar de arena y piedra, haciendo casi imposible trazar una ruta concreta sobre el mapa del planeta.
Arrakis es, sin duda, uno de los protagonistas centrales de Dune, una de las sagas de ciencia ficción más importantes del siglo XX. Un planeta vivo y místico, cargado de simbología política, ecológica y religiosa. También es el único cuerpo celeste donde se puede encontrar la especia o melange, el recurso más preciado del universo y origen de las luchas por el poder que carcomen el feudal Imperio galáctico.
Gracias a las descripciones que incluye Frank Herbert en su historia, se sabe que Arrakis es un planeta hostil y extremadamente árido, en el que el agua —junto con la especia— es el bien más preciado y donde las poblaciones y habitantes se concentran cerca del polo norte. Allí, una gran cordillera montañosa, la Muralla Escudo, protege las regiones mínimamente habitables de las devastadoras tormentas y fenómenos climatológicos, pero también de los gusanos de arena, las colosales criaturas que gobiernan las dunas del planeta y son clave en la producción de melange.
Sin embargo, y a diferencia de otras obras en las que la geografía juega un papel esencial, no es posible localizar con exactitud en Arrakis muchos de los acontecimientos de la primera novela de Dune. En ocasiones, de hecho, las referencias geográficas se contradicen o son incongruentes, especialmente si se atiende a las notas cartográficas que añadió el autor al final de la obra y al mapa que Dorothy de Fontaine dibujó para el libro.
Poco se sabe de la autora del mapa, salvo que residió en Connecticut, que su trabajo cartográfico apareció en publicaciones como The Atlantic y que su mapa de Arrakis ya estaba incluido en las primeras ediciones de Dune.
Su mapa del planeta sitúa casi todos los elementos geográficos y humanos en la región septentrional del planeta, más allá del meridiano 60º norte. Es justo a esta altura donde se localiza Arraken, la capital del planeta bajo el Gobierno de los Atreides, y la línea que demarca gran parte del borde exterior de la Muralla Escudo.
Más al norte, la línea de gusanos delimita la región más septentrional en la que han sido avistadas estas criaturas, mientras que hacia el sur el borde exterior de la Muralla Escudo define el comienzo de los mares de dunas (también conocidos como erg) y posteriormente de las enormes llanuras desérticas.
Ante la falta de masas de agua, son precisamente estas grandes explanadas situadas en el ecuador del planeta —que no aparecen en el mapa pero sí en las notas cartográficas de Herbert— las que definen la línea de base que determina la altitud de Arrakis, que supera los 8.000 metros en en el monte Observatorio.
Repartidos por el mapa aparecen también dos elementos muy importantes en la historia de Dune: las estaciones experimentales botánicas, centros abandonados por el Imperio que tenían como objetivo investigar la posibilidad de terraformar el planeta para hacerlo habitable; y los sietch, los asentamientos donde viven los fremen, el pueblo nativo de Arrakis.
Lucha por los recursos y colapso climático: Dune es un retrato de nuestra época
Habitantes del desierto, los fremen tienen una relación intrínseca con la especia y la ecología del planeta, son cazadores de agua y mantienen la creencia de que Paul Atreides es el mesías que aparece en sus profecías.