El cereal ucraniano sigue amontonándose en la orilla del mar Negro. Y con una nueva cosecha en camino, las cerca de 22 millones de toneladas de grano que Kiev tiene almacenadas en silos y que en situaciones normales servirían para alimentar a miles de familias de África y Oriente Próximo corren el riesgo por primera vez de echarse a perder.
Rusia y Ucrania firmaron el pasado 22 de julio, gracias a la mediación de Turquía y las Naciones Unidas, un acuerdo para exportar cereales ucranianos a través un corredor marítimo en el mar Negro y aliviar así la crisis alimentaria global y el alza en el precio del trigo, un alimento básico en países como Egipto, Sudán o Tanzania. Pero apenas unas horas después de rubricar el pacto Moscú atacó con misiles el puerto de Odesa y acabó con cualquier atisbo de confianza que la comunidad internacional pudiera tener en la firma del Kremlin.
A pesar de ello, la agresión no causó grandes desperfectos en el puerto y Kiev espera reanudar la venta de sus cereales en las próximas semanas. Según la ONU, el objetivo sería enviar cinco millones de toneladas por semana, por lo que los silos se vaciarían en alrededor de un mes y pronto se liberaría espacio para almacenar la nueva cosecha.
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