El aceite de palma es el aceite vegetal más consumido del mundo. Se emplea para casi todo, desde la cocina a la fabricación de biodiésel o lubricante industrial. También como coagulante en helados, galletas, bollería y platos precocinados, o en la elaboración de dentífricos, jabones y detergentes. Y aunque se produce en numerosos países, solo dos de ellos dominan casi por completo la industria de la palma aceitera: Malasia e Indonesia.
Ambos Estados aglutinan el 80% de la producción mundial de esta grasa vegetal y hacen que el mapa de este recurso quede muy concentrado. De hecho, un 58% de la producción global tiene lugar en Indonesia, donde se ha convertido en un recurso estratégico.
El país del sudeste asiático es, de hecho, el principal protagonista del boom que ha experimentado el aceite de palama en los últimos años: si en 1990 se producían 11 millones de toneladas en el mundo, en 2020 la cifra alcanzaba los 76 millones. Y dos tercios de este crecimiento han tenido lugar en Indonesia, donde la industria se concentra en las cuatro islas más grandes del país: Borneo, Sumatra, Célebes y Papúa (o Nueva Guinea), donde también se encuentran las mayores plantaciones.
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