Venezuela inaugura un 2025 incierto. Este 10 de enero Nicolás Maduro se posesionará como presidente por tercera vez, pero Edmundo González, el candidato opositor en las elecciones del pasado 28 de julio, tiene la misma intención. González ha emprendido una gira para reunirse con los presidentes de Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Panamá y República Dominicana, e insiste en que estará en Caracas para ser investido. La situación tiene ecos de 2019, cuando la presidencia interina de Juan Guaidó, investido por la oposición, coexistió con la de Maduro y fue reconocida por decenas de países. Pero esta vez no habrá un Gobierno paralelo, sino el reclamo opositor de una victoria que el oficialismo no ha demostrado.
Frente a ello, Maduro ha optado por blindarse. Ante la incierta llegada de González y la convocatoria de protestas por parte de la líder opositora María Corina Machado, el régimen anunció una recompensa de 100.000 dólares por la captura del candidato, ha puesto en marcha una campaña de detenciones y ha entregado armas a civiles. Pero estas medidas son sólo las últimas de un atrincheramiento que viene por lo menos desde las elecciones y que marcará el futuro de Venezuela.
Maduro cierra filas
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