Política y Sociedad Europa

Los turcoalemanes, entre dos mundos enfrentados

Los turcoalemanes, entre dos mundos enfrentados
Bandera de la minoría turca de Alemania. Fuente: Wikimedia

Los turcoalemanes llegaron a Alemania como “trabajadores invitados”, pero decidieron quedarse en un país en el que veían posibilidades de prosperar. Hoy hay más de tres millones de personas con orígenes turcos residiendo en el país centroeuropeo. El terrorismo extremista dentro de las fronteras alemanas y las tensiones entre Berlín y Ankara han situado a la comunidad en el foco de un debate del que nunca quiso formar parte.

Se calcula que actualmente la población de origen turco en Alemania es de unos tres millones de personas —en torno a un 3,6% de la población—, lo que constituye la mayor comunidad no alemana en el país y la mayor comunidad turca fuera de Turquía. De esos tres millones de personas, en torno a la mitad tiene derecho a voto en Alemania.

La población de origen turco representa un cuarto de los alemanes pertenecientes a minorías nacionales. Fuente: Juliane Baldeweg-Rau

Los turcoalemanes representan la mayor parte de los musulmanes del país germano en un momento de exacerbación de la identidad nacionalista y cristiana de Europa. Esto los ha convertido en el objetivo tanto de la derecha más conservadora del país como del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan. Mientras en Alemania se han visto empujados al centro de un huracanado debate político, el líder del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo de Turquía ha salido en defensa de sus compatriotas esperando recibir a cambio réditos electorales por parte de los decepcionados turcoalemanes.

De “trabajadores invitados” a ciudadanos alemanes

Una década después de la Segunda Guerra Mundial, la República Federal Alemana se encontraba cosiendo las heridas de la guerra y creciendo a un ritmo increíble en lo que se conoce como “el milagro económico alemán”. La necesidad de mano de obra en la renaciente industria alemana llevó al Gobierno a firmar acuerdos con otros países para atraer mano de obra. Se creó la figura de los Gastarbeiter —‘trabajadores invitados’ en alemán—, que procedían principalmente de países mediterráneos como Italia, España y Portugal.

En 1961 el Gobierno federal alemán firmaba un acuerdo con Turquía, que se unía así a los países de procedencia de estos “trabajadores invitados”. Los empleados, mano de obra poco cualificada, barata y principalmente masculina, eran llevados a Alemania desde los países de origen con contratos temporales de dos años en el caso turco, lo que garantizaba la rotación laboral. Sin embargo, los costes derivados del transporte y el entrenamiento de nuevos trabajadores que ocupasen esos puestos facilitaron la ampliación de la temporalidad laboral de los trabajadores turcos con una modificación del acuerdo en 1964. Más tarde, se les permitió además desplazarse con sus familias.

La crisis del petróleo de 1973 señaló el fin del milagro económico germano y los acuerdos bilaterales para atraer a estos “trabajadores invitados” terminaron de golpe. Cerca de 2,7 millones de turcos habían solicitado un trabajo en Alemania entre 1961 y 1973, aunque de esos únicamente 750.000 fueron contratados. De los 2,7 millones de turcos, la mitad regresaron a su país natal mientras que los demás se instalaron en Alemania y fundaron la colonia turca presente hoy en el país germano.

La llegada a Alemania de las familias de estos trabajadores turcos supuso su establecimiento durante plazo más largo en el país centroeuropeo. Estas familias se situaron en barrios de clase media que se han transformado en zonas étnicamente diferenciadas y de menor renta media, ya que paralelamente se produjo el desplazamiento de la población alemana a otras zonas consideradas más tranquilas.

La construcción de guetos étnicos supuso un arma de doble filo. Por un lado, permitió una instalación más rápida de la población turca en el país germano; por otro, se produjo el aislamiento y la no integración total de la comunidad turca, que, pese a estar en otro país, no necesitaba conocer la lengua o el modo de vida alemanes para vivir. En ese momento, el Gobierno alemán tampoco intentó paliar este hermetismo de manera efectiva , lo que provocó una sensación de olvido y abandono estatal entre los turcos del país.

Choque identitario: o turcos o alemanes

Los turcos alemanes se sienten más “en casa” en Turquía que en Alemania. Fuente: DW

La instalación definitiva de los turcos alemanes se consolidó con el nacimiento de una segunda y una tercera generación de inmigrantes en territorio alemán durante los años posteriores. Hasta 1999 los turcos nacidos en Alemania no podían acceder a la nacionalidad debido a la primacía del principio del ius sanguinis —’derecho de sangre’—, que otorgaba la ciudadanía alemana exclusivamente a descendientes de ciudadanos alemanes. Ese año se suavizan los requisitos para obtener la nacionalidad y se decide otorgarla a aquellas personas que pudiesen demostrar una residencia continuada en territorio alemán durante más de ocho años, siempre y cuando renunciasen a su nacionalidad de origen.

A los hijos de extranjeros nacidos en territorio alemán se les reconocía la doble nacionalidad hasta los 23 años, momento en que debían elegir una de las dos. La obligación de priorizar una identidad nacional sobre otra enfrentaba a los turcoalemanes a una situación extremadamente delicada. Paralelamente, el deber de elegir relegaba a los turcoalemanes a un segundo nivel frente a otras comunidades de origen no alemán, como polacos, españoles, italianos, franceses, argelinos o iraníes, que sí podían conservar ambas ciudadanías de manera vitalicia al pertenecer a la Unión Europea o no poder renunciar a su nacionalidad de origen.

No es hasta 2014 cuando la iniciativa del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD por sus siglas en alemán) para ampliar los casos de doble nacionalidad se hace realidad. Con ella, los turcoalemanes que puedan demostrar ocho años ininterrumpidos de residencia en Alemania o que hayan cursado seis años de educación en Alemania tienen derecho a adquirir la doble nacionalidad.

La modificación se produjo con el poderoso rodillo parlamentario que otorgaba la gran coalición entre socialdemócratas y democristianos, no sin debate y oposiciones a ambos lados del espectro parlamentario y dentro de los propios partidos de la coalición —la izquierda consideraba la medida demasiado laxa; los más conservadores, que atentaba contra la concepción de la nación alemana—. Se calcula que cerca de 1,2 millones de ciudadanos de origen turco tienen la nacionalidad alemana.

Más de 15 millones de alemanes cuentan con algún tipo de pasado de migración Fuente: Focus Migration

Desde los años 90, se había desarrollado en Alemania un debate sobre la inmigración y su integración en la sociedad nacional. La idea de la Leitkultur —’cultura líder’— concibe la existencia de una cultura básica fundamentada en la Alemania liberal a la que se deben integrar los inmigrantes llegados al país. Desde algunos sectores conservadores se ha utilizado este concepto para exigir una asimilación de la población inmigrante y establecer unos criterios que garantizasen una supuesta integración correcta de los extranjeros en el país.

Para ampliar: “El fantasma de la media luna en Europa”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2017

El interés del SPD en reconocer la doble nacionalidad a los turcos alemanes radica en la preferencia de la comunidad turca por partidos de izquierdas como los socialdemócratas o Los Verdes, aunque las posiciones políticas de los turcoalemanes sean, de media, más conservadoras y próximas a la Unión Demócrata Cristiana de Merkel. No obstante, los partidos de izquierdas son vistos como partidos de trabajadores y consiguen absorber en torno a tres cuartos de los votos de los alemanes de origen turco.

La integración de los alemanes con raíces turcas ha venido acompañada de una entrada en la arena política de diputados originarios del país otomano. Principalmente representados en la izquierda, en el partido de Los Verdes el diputado Cem Özdemir llegó a ser copresidente y en las elecciones federales de 2017 consiguieron acceder al Bundestag —la cámara baja alemana— 14 diputados de origen turco frente a los 11 de los anteriores comicios. Además, en el estado de Renania del Norte-Westfalia el partido Alianza de Alemanes Demócratas, fundado por ciudadanos turcoalemanes y criticado por ser próximo al presidente turco, llegó a recibir cerca de 45.000 votos.

En otros ámbitos, la población turcoalemana también ha sido capaz de hacerse un hueco. El fútbol es uno de los grandes escenarios donde estrellas turcoalemanas brillan con fuerza. Es destacable la figura de Mesut Özil, símbolo de integración de la minoría turca, y la crisis que provocó dentro de la selección alemana tras la publicación de una fotografía suya con el presidente turco y otros dos jugadores turcoalemanes. La revelación de esta foto provocó el descontento tanto de la selección como del Gobierno alemán, así como una oleada de comentarios racistas que terminaron con la renuncia de Özil a formar parte de la selección alemana.

Enfrentamiento abierto entre Berlín y Ankara

Desde la crisis de refugiados de 2015 y el posterior acuerdo en 2016 para controlar la afluencia de personas entre la Unión Europea y Turquía, las relaciones entre Berlín y Ankara se han ido tensando. En julio de ese mismo año tuvo lugar el fracasado golpe de Estado contra Erdoğan por parte de un sector del Ejército. Frente a todo pronóstico, el presidente turco fue capaz de mantenerse en el poder gracias a su aparición en la cadena de televisión CNN Türk mediante una videollamada telefónica. Durante la transmisión, emplazó a sus seguidores a salir a las calles a impedir el golpe de Estado.

Para ampliar: “Líbano y Turquía, dos vías de escape del conflicto sirio”, Mónica Chinchilla en El Orden Mundial, 2016

La tibieza y ambigüedad iniciales desde Europa y Estados Unidos frente a una tentativa de golpe en Turquía desataron la ira de Ankara, un aliado estratégico de Washington y Bruselas en la zona. Esta desconfianza generada por los países occidentales ha llevado a Turquía a dar la espalda a los primeros para centrarse en Rusia y Oriente Próximo.

El éxito del presidente conservador impulsó una purga dentro de la Administración y el Ejército contra todos aquellos funcionarios —principalmente policías y militares— sospechosos de mantener alguna relación con grupos opositores. De la misma manera, la victoria del mandatario dio alas a la convocatoria de un referéndum constitucional en abril de 2017 para transformar el sistema político turco de un sistema parlamentario a uno presidencialista, que se terminó saldando con una victoria a favor de la reforma con un 51,4% de los votos a favor. Tanto la purga como el referéndum han recibido las críticas de Europa, que considera que Turquía está retrocediendo en materia de derechos democráticos y libertades.

Países de Europa occidental con mayor población de origen turco. Fuente: La Vanguardia

En septiembre de 2017 estaban convocadas elecciones federales en Alemania. El propio Erdoğan llamó a la comunidad turca a no apoyar ni a los democristianos de Merkel ni al SPD ni a Los Verdes al considerarlos “enemigos de Turquía”, no solo por las críticas recibidas, sino por la supuesta protección de Alemania al Partido Democrático de los Pueblos, visto por el partido de Erdoğan como una fachada del Partido de los Trabajadores del Kurdistánconsiderado un grupo terrorista por la UE—.

Para ampliar: “Nadie quiere una crisis en Turquía”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2018

El enfado del presidente turco lo llevó también a acusar al Gobierno alemán de emplear “prácticas nazis”. Respondía así a los impedimentos puestos por este Gobierno y otros europeos, como el neerlandés o el austríaco, para hacer campaña en territorio germano a favor de la reforma constitucional. Pese a todo, un 60% de los turcoalemanes votaron a favor de la modificación parlamentaria, lo que abrió una brecha dentro de la propia comunidad.

Esta posición política islamista nacionalista de una mayoría de los turcoalemanes puede deberse en gran parte a la sensación de la comunidad de permanecer segregada del resto del país centroeuropeo. Los alemanes de origen turco componen la mayor parte de la población musulmana del país, vista como extranjera o ajena a Alemania por una parte de la población del país. Con un aumento de los ataques terroristas perpetrados por extremistas dentro del continente europeo desde principios de siglo, el islam ha pasado a tratarse como un problema resaltando una supuesta incompatibilidad de la cultura alemana con la religión islámica.

Alemania es uno de los diez países de la UE con mayor número de musulmanes. Fuente: Pew Research Center

Con la llegada de gran cantidad de solicitantes de asilo de confesión musulmana, se ha producido una expansión de un discurso nacionalista xenófobo —encarnado en el partido Alternativa por Alemania (AfD por sus siglas en alemán)— que ha avivado los temores de una supuesta “invasión musulmana”. AfD aboga en su programa por eliminar la religión islámica de las escuelas, cerrar las fronteras a la inmigración e impedir otorgar la doble nacionalidad a los hijos de inmigrantes, entre otras propuestas. No es casualidad que en 2017 se registrase en Alemania casi un millar de ataques islamófobos contra personas y centros culturales y de culto.

Erdoğan ha sabido movilizar a la población turcoalemana a su favor mediante un discurso islamista y nacionalista. La población turca de Alemania, pero también del resto de Europa, se ha sentido durante mucho tiempo ciudadanos de segunda. Originarios de un país de mayoría musulmana con sueños de formar parte del club europeo que se ha tenido que conformar con una unión aduanera y señalados continuamente por la derecha política como “extranjeros”, el voto por Erdoğan puede ser una manera de evidenciar las fracasadas políticas de integración llevadas a cabo en Alemania.

Por otra parte, la nueva Turquía de Erdoğan, baluarte de un nuevo sistema que deriva hacia un sistema más autoritario que democrático, se enfrenta a una Alemania en horas bajas que trata de mostrarse dura a la vez que tolerante y abierta. En este inestable contexto, la comunidad turcoalemana, en paralelo a la sociedad turca, desgarrada por numerosas brechas políticas, religiosas y sociales, no tiene otra opción que esperar en silencio a que pase el vendaval entre dos mundos que parecen no querer entenderse.

Para ampliar: “Turquía: la añoranza del sultán”, Jacobo Llovo en El Orden Mundial, 2017

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