Desde que el expresidente Felipe Calderón declarara la guerra al narco en 2006, el Ejército ha ido ganando peso en la seguridad nacional mexicana. Sin embargo, la militarización de la seguridad pública pronto se convirtió en un problema para las sucesivas Administraciones, y cuerpos policiales como la Policía Federal —creada en 2009 durante el Gobierno del mismo Calderón— estaban destinados a reducir la presencia de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la violencia. Sin embargo, han terminado siendo otro intento infructuoso de unificar la lucha contra el crimen en un solo cuerpo a nivel nacional. Durante su carrera a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) presentó su Plan de Paz y Seguridad 2018-2024 en el que introducía ideas como poner fin al modelo neoliberal y buscar nuevas formas de luchar contra la violencia, creando una nueva Guardia Nacional (GN).
Para ampliar: “El plan de López Obrador contra el narcotráfico en México”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2019
Menos de nueve meses después de la llegada de Obrador a la presidencia, la Guardia Nacional ha empezado a funcionar. Se trata de un cuerpo policial con formación militar y civil que puede ser desplegado a nivel nacional y que busca reducir la presencia de las policías militar y naval en la lucha contra el crimen en México. En la ley que crea este cuerpo se especifica que la GN debe garantizar la seguridad pública a nivel federal y colaborar para ello con las entidades correspondientes. Hasta la fecha, la gran mayoría de tareas que desempeñará la Guardia Nacional las llevaba a cabo la Policía Federal de Calderón, a la que la Guardia Nacional va a absorber.
Del total de 150.000 unidades que la Guardia Nacional espera alcanzar en 2023, 35.000 provendrán de la policía militar y 8.000 de la policía naval. Estos estarán bajo un mando civil y dirigidos por cargos nombrados por el presidente. Por el momento, esta directiva está compuesta por militares, lo que en estos primeros momentos está dotando a la GN de un aire castrense que no tenía la Policía Federal. De hecho, se ha especificado que, durante un plazo máximo de cinco años y mientras siga habiendo una emergencia nacional a causa de la violencia que vive el país, la recién creada Guardia Nacional seguirá adscrita a Defensa en materia de programación y ejecución de estrategias de seguridad.
El despliegue de la Guardia Nacional en el territorio mexicano ya ha comenzado. Al principio se repartirán 70.000 unidades por el país y esta cifra irá aumentando paulatinamente hasta alcanzar en 2023 las 150.000 definitivas, cubriendo 226 regiones. Desde el principio se ha pretendido que la Guardia Nacional fuera un cuerpo destinado a luchar contra el crimen organizado y la violencia y, sin embargo, las recién creadas unidades de la GN son destinadas a las fronteras sur y norte del país, así como a la capital, para detener a los migrantes que se dirigen al norte. Esto demuestra que las presiones de Trump surtieron efecto en el Gobierno de AMLO y el control de la migración se ha convertido en una prioridad más importante que la lucha contra el narco.
Para ampliar: “El éxodo centroamericano y la caravana de la desesperanza”, María Canora en El Orden Mundial, 2019
El cariz castrense que está adquiriendo la Guardia Nacional es otra de las principales preocupaciones que genera. Pese a que desde el Gobierno se intenta ofrecer la imagen de un cuerpo vinculado a instituciones civiles y que, en consecuencia, se rige por legislación civil, en la práctica es un cuerpo compuesto en su mayoría por militares: casi dos tercios de sus unidades proceden de las Fuerzas Armadas y, lo que es más, la mayoría de sus mandos actuales son militares retirados. Si el fin de la creación de la GN es sacar a las Fuerzas Armadas de las calles, esta estrategia más bien les está dotando de un marco legal civil para que puedan hacerse cargo de funciones policiales en la lucha contra el crimen. Además, cabría preguntarse hasta qué punto este cuerpo de policía militarizada va a mantener el mismo espíritu si cambia el Gobierno o, incluso, si podría llegar a ser utilizado en beneficio de un grupo político concreto y no del conjunto del Estado.
La decisión de mezclar personal militar y civil y de dotar al nuevo cuerpo de una estructura de corte marcial busca reducir la corrupción y el descontrol que ha imperado en la Policía Federal. El Ejecutivo toma como ejemplo la Guardia Civil española, la Gendarmería francesa o los Carabineros italianos, todos ellos con una marcada jerarquía y un ideario de defensa del Estado próximo al que hay en las Fuerzas Armadas.

El problema con la corrupción en los cuerpos policiales mexicanos, tanto municipales y estatales como federales, ha sido especialmente relevante en la creación de este nuevo cuerpo. Así pues, durante 2017, en México hubo una media de 1.688 casos de corrupción por cada mil policías, lo que significa que hubo 1.6 actos como este por policía. Además, no se puede pasar por alto que parte del entorno político y social de Obrador considera que la Policía Federal —creada con Calderón (2006-2012) y mantenida por Peña Nieto (2012-2018)— representa lo que supusieron los estos gobernantes: corrupción, mala gestión y clientelismo.
Sin embargo, mientras la precariedad laboral y la inseguridad que sufren las fuerzas de seguridad continúe siendo tan alta, serán muchos los que sigan prefiriendo obtener unos ingresos extras del mundo del crimen. Uno de los problemas que le ha surgido al Gobierno con la decisión de crear la Guardia Nacional es el conjugar el descontento de la Policía Federal con su absorción en este nuevo cuerpo. Los federales se han manifestado por todo el país en contra de esta nueva Guardia Nacional pidiendo que, si deciden incorporarse al cuerpo, se respeten sus derechos. La respuesta de Obrador ha dejado mucho que desear: enfrentándose a la Policía Federal, AMLO dejó claro que cree que ese cuerpo no funciona.
Ahora bien, uno de los riesgos a los que se enfrenta el presidente con esta decisión es que muchos de los policías federales que no entren en la Guardia Nacional puedan abandonar el servicio público y unirse a grupos criminales o a empresas de seguridad privada, puesto que son un activo que ni los narcos ni estas compañías van a dejar escapar. El problema de fondo es la falta de formación y de recursos que se destinan a estas fuerzas. Si no se satisfacen sus necesidades ni se potencia la idea de la lucha común contra el crimen, el dinero fácil del huachicoleo —robo de combustible— y de las mordidas seguirá siendo más seductor que lo que el Estado pueda ofrecer.
De hecho, una de las críticas más extendidas es que la creación de la Guardia Nacional no es una solución, sino un parche para un problema mayor que tiene México con sus fuerzas de seguridad pública. Los datos de las décadas anteriores revelan que estrategias como la de crear la Policía Federal han sido infructuosas, pues la corrupción y la violencia en el cuerpo han sido una constante. Además, la utilización de militares en la lucha contra el crimen en los años anteriores no ha reducido la violencia en el país —en el primer trimestre de 2019 hubo una media de más de 2.800 homicidios al mes, un 9.7% más que el mismo trimestre del año anterior—, con lo que no se sabe a ciencia cierta si la Guardia Nacional va a tener éxito.

Para ampliar: “El narcotráfico en México, historia de un fracaso político”, María Fernández Sánchez en El Orden Mundial, 2017
La creación de este nuevo cuerpo no hace frente al fondo del problema: los grupos criminales llegan a tener más capacidad que el propio Estado y, además, la precariedad e inseguridad laboral en las fuerzas de seguridad es muy alta. Ante esta situación es relativamente sencillo que muchos policías municipales o federales tiendan a corromperse y a mezclarse en actividades ilícitas. Por ello, es necesario que se elabore, junto con la creación de la Guardia Nacional, un plan de reestructuración y reeducación de la policía del país.
El malestar por la forma en la que se ha creado esta Guardia Nacional se suma al que despiertan en un sector de la sociedad mexicana otras políticas del Gobierno de Obrador. AMLO llegó al poder en diciembre de 2018 presentando su proyecto como una alternativa a la violencia que había existido en el país. La idea de “con abrazos, no balazos” parece haber quedado eclipsada por el pragmatismo, no solo por la creación de un nuevo cuerpo policial, sino también por otras medidas como el aumento de los delitos que están sujetos a prisión preventiva o la reducción del presupuesto de las FF. AA. y de la policía. La creación de la Guardia Nacional es una nueva contradicción de la presidencia de AMLO. La idea de reducir la violencia con la creación de una policía civil militarizada mientras se reducen los fondos no termina de ser muy coherente con parte del argumentario de Morena —el partido del presidente—. Por el momento queda esperar a ver cómo se despliega y se coordina la Guardia Nacional en estos meses pero, sin una estrategia de reestructuración profunda y de creación de una policía con los recursos y la formación necesaria, México seguirá tropezando con la misma piedra.