¿A quién pertenece Jerusalén?

Jerusalén está dividida en dos, pero Israel controla ambas partes: la occidental quedó bajo su dominio en 1949, después de la primera guerra árabe-israelí, y la oriental se la anexionó en 1980. Sin embargo, la comunidad internacional no reconoció esto último y trasladó sus embajadas a Tel Aviv
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¿A quién pertenece Jerusalén?
Fuente: Walkerssk (Pixabay)

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Existen interpretaciones enfrentadas sobre a quién pertenece la ciudad de Jerusalén, tanto a nivel legal como de facto. De acuerdo con la legalidad internacional, Jerusalén tendría que ser una entidad territorial separada administrada por Naciones Unidas o un territorio repartido entre Israel y Palestina. Todo depende de si se atiende al plan de partición de Palestina de 1947, que estipula la creación de los dos Estados y el estatus de esta ciudad, o al armisticio de 1949, que repartía la soberanía de la ciudad. 

Uno de los puntos más conflictivos sobre Israel es la ciudad vieja, que alberga lugares sagrados del judaísmo, del cristianismo y del islam. Con todo, Israel ejerce el control efectivo de todo el municipio a través de la ocupación, expulsión y aislamiento de las comunidades palestinas. Una política que viola el derecho internacional.

El estatus legal de Jerusalén

El plan de partición de Palestina, aprobado por Naciones Unidas en 1947, no sólo estipulaba la división del Mandato británico de Palestina en un Estado judío y otro árabe, sino que también contemplaba el futuro de la ciudad de Jerusalén. Ésta pasaría a ser una entidad territorial administrada por la propia ONU, un estatus diferenciado por su importancia religiosa. La ciudad vieja de Jerusalén alberga los primeros templos judíos, de los que forma parte el Muro de las Lamentaciones, la explanada de las mezquitas, donde según el islam Mahoma ascendió al cielo, y la iglesia del Santo Sepulcro, donde Jesús habría sido crucificado y enterrado. 

Todo ello convierte a Jerusalén en un lugar sagrado para las tres religiones. Al darle un estatus internacional, la ONU quería evitar el conflicto por su alto valor simbólico. El plan de 1947 fue aceptado por los sionistas, que proclamaron la independencia del Estado de Israel al año siguiente, pero no por los árabes, que con el reparto perdían territorio pese a ser mayoría. Esto llevó a la primera guerra árabe-israelí, que enfrentó al recién creado Estado judío con sus vecinos regionales.

Las partes firmaron un armisticio en 1949. En él establecieron la Línea Verde, que delimitaba el territorio para cada uno y dividía la ciudad de Jerusalén. El lado oeste quedaba bajo control judío, que Israel convirtió en su capital, y el este bajo control de Jordania. El objetivo de Palestina era y sigue siendo que Jerusalén Este se convirtiera en la capital de su futuro Estado. Sin embargo, esto contradecía lo dispuesto por Naciones Unidas. Además, que la ciudad vieja quedase en Jerusalén Este favorecía un nuevo estallido del conflicto.

La ocupación israelí

En la actualidad, Israel tiene el control efectivo de la totalidad de Jerusalén. El Estado hebreo ocupó Jerusalén Este durante la guerra de los Seis Días de 1967, un control que mantuvo hasta 1980, cuando la anexionó oficialmente a su territorio. Sin embargo, es un movimiento ilegal que la comunidad internacional no reconoce. De hecho, muchos de los países que mantenían sus embajadas en Jerusalén Oeste las trasladaron a Tel Aviv para dejar más clara su postura sobre el estatus de la ciudad.

Aunque existen varias resoluciones de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la ONU que condenan la ocupación, esto no ha frenado a Israel. Desde hace décadas, los sucesivos Gobiernos han implementado una política de segregación, con la construcción de un muro, y de expulsión de las comunidades palestinas de Jerusalén. De hecho, según datos de la ONU, el 35% de la superficie de la zona oriental ha sido expropiada para la construcción de asentamientos hebreos. Una política de apartheid que no se limita sólo a Jerusalén, sino que se ha expandido al resto de Cisjordania.

Uno de los momentos más tensos de los últimos años fue cuando el entonces presidente estadounidense Donald Trump reconoció Jerusalén como capital de Israel en 2018 y trasladó su embajada a la ciudad. Ese apoyo explícito corría el riesgo de aumentar las tensiones entre israelíes y palestinos. Sin embargo, sólo se han sumado Guatemala y Papúa Nueva Guinea, y el presidente de Argentina, Javier Milei, declaró su intención de hacerlo. Con todo, la Administración de Joe Biden ha enfriado los ánimos, cuidándose de reconocer toda la ciudad como parte de Israel.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.