Un mayo exitoso para el Gobierno israelí

Estados Unidos ha decidido reconocer Jerusalén como la capital de Israel cuando se cumplen 70 años de su fundación como Estado moderno, un paso que aleja más la resolución del conflicto palestino-israelí y que, junto con la retirada de EE. UU. del acuerdo nuclear con Irán, añade inestabilidad a la región.
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Un mayo exitoso para el Gobierno israelí
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, estrecha la mano del presidente estadounidense, Donald Trump. Fuente: Leslie N. Emory

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“¡Estoy tan feliz! Muchas gracias por elegir lo diferente, por aceptar las diferencias entre nosotros. Amo mi país. ¡El año que viene en Jerusalén!”. Estas fueron las breves palabras que pronunció Netta Barzilai, la artista que representaba a Israel en el festival de Eurovisión, al recoger emocionada el trofeo que la acredita como vencedora del concurso musical la noche del sábado pasado.
Al margen de lo útil que resulta esta victoria para el lavado de imagen internacional de Israel —tal y como la misma cantante reconoció y que se manifiesta también, entre otros, en la supuesta defensa del colectivo LGTB—, el triunfo en el festival no podía haber sido más oportuno: llega coincidiendo con el cambio de política de EE. UU., que reconoce ahora a Jerusalén como capital del Estado de Israel en detrimento de Tel Aviv, con el consecuente traslado de embajada. A pesar de que el festival no tiene por qué celebrarse necesariamente en la capital del país correspondiente —el ejemplo más reciente es Malmö, Suecia, en 2013—, es innegable que Eurovisión, un festival que siguen por la televisión más de 200 millones de personas en decenas de países, es una gran ocasión para el soft power israelí de poner el foco en la ciudad que pretenden sea reconocida como su capital.
El problema, claro está, es que Jerusalén también es la capital que los palestinos quieren para su futuro Estado con base en la división previa a la guerra de 1967, hoy la referencia para delimitar el hipotético Estado palestino. Es por esta razón, además de por su carga simbólica histórico-religiosa, por la que Jerusalén, más que ningún otro lugar, escenifica el conflicto palestino-israelí. Se entiende así también que los sucesivos presidentes de EE. UU. desde Bill Clinton —bajo cuyo mandato el Congreso aprobó el traslado de la embajada en 1995 — hayan ido aplazando la medida.
Con el traslado oficial de la embajada —que se va a celebrar hoy, haciéndolo coincidir con el 70.º aniversario de la proclamación del Estado d...

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