El pasado 24 de marzo, un misil israelí impactó en el coche de un periodista de veintitrés años en el norte de Gaza. Hossam Shabat se sumaba a los casi doscientos periodistas asesinados en el territorio palestino en el último año y medio. Al día siguiente, un portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel publicó en redes sociales que habían logrado “eliminar” a Shabat en colaboración con los servicios de inteligencia, calificándolo de “terrorista”. Como prueba, el portavoz adjuntó un borroso Excel con una lista de supuestos militantes de Hamás. Una lista de más de 37.000 nombres elaborada por inteligencia artificial.
Son ya más de 53.000 palestinos muertos desde que empezó la ofensiva israelí en octubre de 2023, en su mayoría civiles. Y tras año y medio de incursiones terrestres y bombardeos, Benjamín Netanyahu ha afirmado que sus planes para Gaza son tomar el control del territorio y no retroceder. Es decir, ocuparlo. En paralelo, el primer ministro israelí busca convertir al Estado hebreo en un referente tecnológico mundial: un líder en la revolución de la IA. Pero estos dos objetivos no sólo se desarrollan al mismo tiempo, sino que están ligados. Y es que Israel, igual que con sus armas, testea sistemas de IA en Palestina.
Gaza: un laboratorio de inteligencia artificial
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