Israel ha sido el protagonista del fútbol europeo en las últimas semanas, y no por lo sucedido en el césped. El 7 de noviembre, el partido entre el Maccabi de Tel Aviv y el Ajax desató una ola de violencia contra los aficionados israelíes en Ámsterdam. Los disturbios fueron condenados por los líderes europeos, incluida la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que los tildó de “antisemitas”. Además, forzaron a trasladar fuera de Turquía el duelo de hoy entre el Besiktas y el Maccabi, que debía jugarse en Estambul.
Sin embargo, estos incidentes se produjeron después de que los ultras del Maccabi arrancaran una bandera palestina y profirieran cánticos racistas contra los árabes. También rompieron el minuto de silencio por la dana en Valencia, en respuesta al reconocimiento de España a Palestina y a la cancelación de un contrato con una empresa israelí para comprar munición. No es la primera vez que radicales israelíes se ven involucrados en altercados por Europa. Pese a ello, el Gobierno israelí ha abrazado el relato de la violencia antisemita. Y es que el creciente peso de los ultras muestra la radicalización política de Israel y sus vínculos con los sectores de derecha.
Fútbol y Maccabi: un binomio para legitimar a Israel
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