¿Por qué Eurovisión no veta a Israel, pero sí a Rusia?

El festival ha autorizado la participación de Israel a pesar de las peticiones de veto por su invasión de Gaza. Parece un criterio diferente al que aplicó con Rusia, que fue vetada tras atacar Ucrania. La cercanía de Israel con Occidente y su peso económico en Eurovisión explican esta incongruencia
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¿Por qué Eurovisión no veta a Israel, pero sí a Rusia?
Fuente: Wikimedia Commons

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La participación de Israel en Eurovisión se ha convertido en la mayor polémica de la edición de este año. Varios artistas pidieron vetar al país debido a la catástrofe humanitaria generada por la ofensiva israelí en la Franja de Gaza. Los representantes de Finlandia e Islandia llegaron a amenazar con renunciar si Israel formaba parte del festival.

Esas muestras de rechazo se han hecho evidentes ya durante el concurso. El pasado martes, el artista sueco de origen palestino Eric Saade exhibió un pañuelo palestino en las semifinales. Asimismo, la representante irlandesa denunció que la organización había censurado sus mensajes propalestinos durante la gala. Se han producido protestas en Malmö, la ciudad sueca anfitriona, y el público abucheó la actuación de Israel en los ensayos y la semifinal, en la que se clasificaron para la final del sábado.

Pese a las presiones, la Unión Europea de Radiodifusión (UER) —la organizadora del evento— ha aprobado la presencia israelí en el certamen. La autorización llegó después de que la organización bloqueara dos de las canciones propuestas por Israel por su contenido político, ya que aludían al ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre.

Israel sí, Rusia no. Las razones de Eurovisión

La UER ha recibido críticas por no vetar a Israel después de hacerlo con Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022. Su justificación oficial fue que las televisiones públicas rusas incumplían constantemente sus obligaciones como miembros y violaban los valores de los medios de comunicación de servicio público. Según la UER, las emisoras rusas fueron suspendidas por las injerencias del Gobierno ruso y por contribuir a la desinformación sobre la guerra en Ucrania. La Unión utilizó un argumento parecido para suspender a  Bielorrusia en 2021, acusando a su Gobierno de interferir en la libertad de prensa y la democracia. Por el contrario, la UER considera que Kan, la televisión pública israelí, sí es independiente.

Sin embargo, otras razones han motivado este cambio de criterio. Una de las más destacadas es el peso económico de Israel en el festival. El patrocinador oficial de Eurovisión es Moroccanoil, una empresa israelí de cosmética. Además, Israel representa un mercado fundamental para el certamen, pues cuenta con una de las audiencias más fieles. Durante la última edición, superaron el 50% de cuota de pantalla, mientras que España o Alemania no llegaron al 40%.

No obstante, el principal factor es la alianza entre Israel y Occidente. Los países europeos han mantenido estrechos lazos con el Estado israelí desde su independencia en 1948. Esa relación histórica ha contribuido a que Europa sea más reticente a excluir a Israel de Eurovisión de lo que fue con un adversario geopolítico como Rusia. De hecho, ninguna televisión se ha posicionado abiertamente en contra de la participación israelí.

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Un caso similar ha sucedido con Azerbaiyán, con quien la Unión Europea profundizó sus vínculos económicos y energéticos a raíz de la invasión rusa de Ucrania. En 2023, Bakú atacó y conquistó el Alto Karabaj, una región disputada con Armenia, y desencadenó allí una limpieza étnica. Pese a ello, su participación en Eurovisión no se ha cuestionado.

A la cercanía entre Occidente e Israel se suma también la importancia que tiene Eurovisión para la proyección internacional del Estado israelí. Tel Aviv ha usado su participación en el festival como instrumento de poder blando para acercarse a Occidente y mostrar una imagen de país abierto, diverso y tolerante frente a sus vecinos árabes, especialmente con el colectivo LGTBIQ+. Esta estrategia, conocida como pinkwashing, ha servido a Israel para blanquear su ocupación del territorio palestino.

Israel también ha aprovechado el certamen para reafirmar su control sobre Jerusalén, ciudad en disputa entre israelíes y palestinos. Israel la considera su capital y ocupa la parte palestina, Jerusalén Este, desde 1967. El festival no debe necesariamente celebrarse en la capital del país anfitrión. Con todo, Israel decidió organizar las ediciones de 1979 y 1999 en Jerusalén en un intento de que la audiencia global aceptara su soberanía sobre la ciudad. El Estado israelí intentó repetir la estrategia en 2019, después de que el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconociera Jerusalén como capital israelí en contra del criterio de la comunidad internacional.

Israel y Eurovisión: una historia marcada por los intentos de boicot

Las solicitudes de veto a Israel en Eurovisión han sido recurrentes desde su entrada en el festival en 1973. El Estado israelí accedió al concurso en un momento donde el rechazo de los países árabes estaba en su punto álgido. Un año antes se había producido la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich, en la que el grupo terrorista palestino Septiembre Negro secuestró y asesinó a once miembros del equipo olímpico israelí. Asimismo, meses después de su debut eurovisivo, estalló la guerra del Yom Kipur, el último gran conflicto bélico entre Israel y los países árabes vecinos. 

El estreno de Israel en Eurovisión se realizó en Luxemburgo bajo un enorme despliegue policial. El director de la sala que albergaba el festival llegó a recomendar al público que permaneciera sentado durante las actuaciones para evitar un disparo de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, el boicot a Israel no llegó hasta su primera victoria en 1978. La celebración del certamen en Jerusalén al año siguiente provocó la salida de Turquía, quien regresó en 1980 cuando Israel renunció a organizar una nueva edición. Desde entonces, los turcos participaron de forma casi ininterrumpida en el festival hasta 2012, a pesar de la presencia israelí.

La participación de Israel también ha incentivado el veto de los países árabes. En 1977, Túnez se registró como el primer participante árabe en Eurovisión, pero la presencia israelí forzó su retirada. En 2005, Líbano intentó replicar el caso tunecino y confirmó su debut en el festival. Sin embargo, la iniciativa naufragó después de que Beirut se negara a emitir la actuación israelí, lo cual está prohibido por la UER. 

A día de hoy, Marruecos sigue siendo el único país árabe que ha participado en Eurovisión, y lo hizo únicamente en 1980, justo cuando Israel abandonó el concurso. La última petición de veto a Israel se dio en 2019, cuando el movimiento propalestino BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) pidió sabotear la celebración de Eurovisión. La presión internacional forzó al Gobierno israelí a organizar el festival en Tel Aviv y no en Jerusalén, como estaba previsto inicialmente.

Las manifestaciones de rechazo a Israel también se han producido dentro del festival, a pesar de su carácter teóricamente apolítico. Uno de los ejemplos más recientes se dio en 2019, cuando los representantes de Islandia exhibieron una bandera de Palestina en Tel Aviv. Las críticas han llegado incluso desde la delegación israelí. Ocurrió en el año 2000, cuando el grupo PingPong ondeó banderas israelíes y sirias al finalizar su actuación. La banda israelí pretendía reivindicar la paz con los países árabes después de que se interrumpieran las negociaciones entre Israel y Siria meses antes. Su actuación suscitó el rechazo del público y las autoridades israelíes.

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.