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Los términos “hispano” y “latino” se usan como sinónimos en Estados Unidos, pero tienen diferencias y han evolucionado. A grandes rasgos, el primero apela a lo lingüístico y el segundo a lo geográfico. Así, los “hispanos” son estadounidenses y residentes de origen hispanohablante, y los “latinos” son de origen latinoamericano. Por tanto, como la mayoría de estos países se solapan, los términos suelen coincidir, e incluso la administración estadounidense los equipara.
Sin embargo, el uso de ambos términos ha variado según el aumento demográfico y la propia identificación de estas comunidades. De hecho, Donald Trump hizo alusión al tema durante un mitin en Albuquerque (Nuevo México) a finales del pasado octubre. Aseguró que estas personas se identifican como hispanas en la costa este y como latinas en la costa oeste, y les preguntó a los asistentes cuál preferían: ante la opción latinos hubo algunos gritos, mientras que ante la opción hispanics la respuesta fue mucho más efusiva.
De migrantes a ciudadanos
El uso de los términos “hispano” o “latino” es parte de la histórica distinción racial y étnica que existe en Estados Unidos. Esta se debe al peso de la segregación y de la migración, y tiene fines censales y de políticas públicas. Entre el siglo XIX y principios del XX, las autoridades (de origen británico) distinguían a la población entre blancos, negros o afroamericanos y otros. Estos incluían a los hispanic o Spanish American, de origen mexicano sobre todo tras la intervención estadounidense y la incorporación de territorios mexicanos entre 1848. A los inmigrantes los diferenciaban por su país de origen (Irlanda, Italia, China…), ya que además compartían etnia e idioma. Después se empezaron a considerar a los nativos americanos, en referencia a la población indígena.
Sin embargo, el auge de la inmigración desde América Latina y el Caribe a raíz de mediados del siglo XX supuso una novedad. No se les podría clasificar de acuerdo a un país, porque eran varios, a un color de piel, porque había muchas composiciones étnicas, o a un idioma, ya que había más de uno. Además, el término latin ya hacía referencia tanto al idioma latín como a los países donde se habla uno derivado, lo que también incluye España, Italia o Portugal. Por lo tanto, como la mayoría de aquellos inmigrantes, residentes y ciudadanos era de origen hispanoamericano, se optó por adoptar el término hispanic.
El censo de 1970 fue el primero que incorporó la identificación “hispano”. Los definió como “personas de cultura u origen cubano, mexicano, puertorriqueño, dominicano, sudamericano o centroamericano, o de otra cultura u origen español, independientemente de su raza”. Con el tiempo, el aumento demográfico de estas comunidades limitó el término, ya que podían no ser hispanohablantes, y muchos también empezaron a identificarse como “latinos”. Finalmente, la Oficina de Administración y Presupuesto adoptó en 1997 el término “latino” equiparándolo a “hispano” y prácticamente conservando la definición. Sin embargo, eso ha también ha provocado datos erróneos por la identificación de las personas de origen brasileño, haitiano (latinos pero no hispanos) o beliceño (centroamericanos pero ni latinos ni hispanos).
Los hispanos y latinos, parte de Estados Unidos
La Oficina del Censo de Estados Unidos categoriza “latino” e “hispano” como etnia en el sentido de grupos de origen o identificación cultural, mientras que distingue cinco razas en la población: blanco, negro o afroamericano, nativo americano o de Alaska, asiático, y nativo hawaiano u otros isleños del Pacífico. Por tanto, explica, “las personas que identifican su origen como hispano, latino o español pueden ser de cualquier raza”, ya que pueden ser blancas, mestizas, indígenas o negras. Hoy en día hay 65 millones de personas en Estados Unidos que se identifican oficialmente como hispanas o latinas, un 19% de la población. La mayoría tienen origen mexicano, puertorriqueño y salvadoreño, y los que más han aumentado en las últimas décadas son los de origen venezolano, dominicano y guatemalteco.
El crecimiento de estas comunidades y la consolidación de los términos “hispano” y “latino” también ha propiciado el auge de otros. Por ejemplo, para no reproducir en inglés el género gramatical español, ya en el siglo XXI surgió el término paraguas latinx, con sufijo de género neutro. De igual manera, así como ya se distinguía a los African Americans o a los Asian Americans, se ha empezado a hablar de hispanic Americans, latino Americans o American latinos, dada su consolidación como ciudadanos estadounidenses. No obstante, el uso de la separación American también los identifica como minoría, mientras que la población blanca, históricamente dominante, se agrupa sin esa segunda palabra más allá de su origen.
En política, hay hispanos o latinos tanto en el Partido Demócrata como en el Republicano. Esta población se había identificado más con los demócratas, cuyo discurso es más favorable a la inmigración. De hecho, Barack Obama ganó la reelección en 2012 apoyándose en varios grupos en ascenso demográfico y económico, incluyendo los hispanos o latinos. Sin embargo, esta población no es una comunidad homogénea: muchos cubanos o venezolanos, por ejemplo, han preferido a los republicanos ya que cuentan con políticos muy contrarios a los Gobiernos de sus países de origen. Esa posición, el conservadurismo social, el deseo de preservar su ascenso económico y el apoyo a políticas antiinmigratorias ha motivado un giro hacia los republicanos que permitió el regreso al poder de Donald Trump.








Muy interesante artículo. Lo compartiré con un grupo de WhatsApp que tengo en Inglaterra de “Latinos” que acaba en una “?”, debido a que todos son latinoamericanos , pero también estoy yo, nacido en España. En ese caso, ¿qué somos los españoles? ¿podemos considerarnos latinos porque descendemos del latín? Sería interesante leer un artículo que seguro que tenéis ya publicado