“Si Hezbolá empieza una guerra, convertiremos Beirut en Gaza”, ha dicho Benjamin Netanyahu. La respuesta a los ataques de Hamás el 8 de octubre han disparado la tensión entre Israel y el Eje de Resistencia, la red de milicias aliadas de Irán. Tel Aviv no solo busca controlar la Franja de Gaza, sino que quiere provocar una guerra regional. Las autoridades israelíes han amenazado con que el tiempo para una solución diplomática con Líbano “se está agotando”. Por el contrario, y pese a los enfrentamientos fronterizos con Israel de los últimos meses, Hezbolá no quiere escalar el conflicto.
Pero eso no será suficiente para evitarlo. Netanyahu está aumentando sus provocaciones porque sabe que la milicia libanesa se arriesga a perder legitimidad si no responde. Más aún en un contexto donde otros grupos proxy de Irán, como los hutíes de Yemen, ya están respondiendo con bloqueos en el Mar Rojo. El asesinato del número dos de Hamás en Beirut y el de un comandante de Hezbolá en los últimos días han aumentado la presión sobre la milicia, que podría verse arrastrada a un conflicto que mermará sus fuerzas y puede hacerle perder las conquistas de los últimos años.
Hezbolá frente a su razón de ser
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