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Hasta 2008, Georgia era uno de los países postsoviéticos más antirrusos y alineados con Occidente. Pero en agosto de ese año, hace ahora quince, Rusia invadió el país y abortó esa tendencia: logró que Estados Unidos lo abandonara a su suerte y se aseguró de mantenerlo en su área de influencia. Tras este éxito, Putin intentó replicar la estrategia en Ucrania. Primero en 2014 y luego en 2022, el Kremlin usó la retórica sobre minorías rusófonas oprimidas, alimentó el separatismo en ciertas regiones y lanzó una ofensiva relámpago, como en Georgia. El objetivo también era el mismo: conservar Ucrania y frenar su acercamiento a la Unión Europea y la OTAN, que desean la mayoría de los ucranianos.
La guerra de 2008 fue la primera que Putin libró en su pulso contra Occidente. Inauguró una época de intervenciones militares rusas en el extranjero, directamente o a través del Grupo Wagner, que ha llegado a Siria, Ucrania y hasta Níger. Además, Georgia también ha sido un laboratorio para otras formas de injerencia rusa más allá de las armas, a través de oligarcas, gas y partidos políticos afines. Para entender por qué Rusia invadió Ucrania y cómo, hay que volver a mirar a 2008.
Georgia, un ensayo para la guerra de Ucrania
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