Evergrande llegó a ser la inmobiliaria más grande del mundo hace apenas dos años: cuenta con 200.000 empleados y genera casi cuatro millones de empleos indirectos con 1.300 proyectos en 280 ciudades. Además, también abarca sectores como los alimentos, automóviles, seguros, audiovisuales, tecnología y hasta deporte. Ahora también es la promotora más endeudada del mundo —con un montante equivalente al 2% del PIB de China— y está al borde de la quiebra, amenazando con provocar una crisis internacional.
El desplome en los beneficios de la compañía ha provocado que no pueda afrontar deudas a corto plazo, ya que solo cuenta con el 10% de los 127.000 millones de dólares que vencen en los próximos meses. A esto se suman las dificultades para pedir prestado por el límite de endeudamiento que recientemente aprobó el Gobierno chino. Además, como la mayor parte del inventario de la empresa son proyectos sin acabar, no se podrán vender a tiempo para afrontar los pagos inminentes pese a los grandes descuentos que la empresa ofrece.
Los temores de quiebra provocaron el desplome de sus acciones —un 80% en lo que va de 2021— y se ha suspendido la cotización de sus bonos, poniendo fin a la carrera especulativa en la que estaba sumida. Su negocio se basa en la compra de terrenos a los Gobiernos locales, construir apartamentos y venderlos antes de que la construcción esté terminada. Con estos ingresos y endeudamiento financia nuevas compras de terreno para volver a construir. Pero esta estrategia tiene un límite: si el mercado se frena la empresa pierde el flujo de efectivo y no puede hacer frente a los pagos a corto plazo. Y Evergrande tiene unos 778 proyectos sin terminar con cerca de 1,2 millones de personas esperando a que se les entregue su vivienda.
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