53.000 muertos y 14.000 desaparecidos después, Europa ha empezado a reaccionar ante la “catastrófica” situación de Gaza, según ha definido la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores. Kaja Kallas anunció el pasado 20 de mayo que revisarían el Acuerdo de Asociación que rige las relaciones políticas y económicas con Israel. Su predecesor, Josep Borrell, ya había propuesto sin éxito en noviembre suspender el diálogo con Israel invocando la cláusula relativa al cumplimiento de los derechos humanos.
Cada vez más países han comenzado a responder ante las evidencias de violaciones de derechos humanos. “Nosotros siempre hemos apoyado el derecho de Israel de defender a los israelíes del terrorismo. Pero esta escalada es completamente desproporcionada”, firmaban los mandatarios de Francia y el Reino Unido, junto al de Canadá, amenazando incluso con imponer sanciones. Además, Londres suspendió la renovación del acuerdo de libre comercio, que pretendía ampliar las áreas de intercambio. El mensaje de un aliado histórico y facilitador de la creación del Estado judio es tanto económico como político.
No obstante, el giro más relevante ha sido el de Alemania, defensor histórico de Israel y su segundo proveedor de armas y munición después de Estados Unidos. El canciller Friedrich Merz cuestionó los ataques a civiles, y el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, ha alertado de que el apoyo alemán no debe ser “instrumentalizado”. España, mientras tanto, es la voz más firme en la UE en abogar por sanciones a Israel, calificado por el presidente Pedro Sánchez como “Estado genocida”. Madrid también acogió un encuentro de una veintena de países para presionar por la entrada de ayuda humanitaria en Gaza.
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