
Lo más probable es que 2022 sea un mal año electoral para Joe Biden. No tanto por su popularidad, por debajo del aprobado desde verano, con las peleas en su partido o con la gestión de la retirada de Afganistán, de la que nadie habla hace meses en Estados Unidos. Si las elecciones legislativas de medio mandato del 8 de noviembre pueden ir mal para los demócratas es porque así ha pasado casi siempre para el partido que viene de ganar la Casa Blanca.
En los últimos 75 años, el partido de un presidente primerizo solo ha ganado escaños en la Cámara de Representantes en 2002, cuando el país seguía en shock tras el 11S y el presidente George W. Bush tenía un apoyo muy por encima de lo normal. El resto han sido casi siempre batacazos. Las señales son aún más amargas para Biden: los dos últimos presidentes demócratas que pasaron por este trance cosecharon los dos peores desastres de la historia. Barack Obama perdió 64 escaños en 2010 y Bill Clinton 54 en 1994.
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