Política y Sociedad Europa

Eslovenia, historia del motor de Yugoslavia

Eslovenia, historia del motor de Yugoslavia
El lago Bled, al norte del país, es uno de los paisajes más emblemáticos de Eslovenia. Fuente: Wikimedia Commons

La historia contemporánea de Eslovenia está ligada de manera irrevocable a Yugoslavia, de la que fue uno de los pilares más importantes: primero en la Yugoslavia monárquica y más tarde bajo el gobierno socialista del mariscal Tito. Eslovenia declaró su independencia en 1991 y lideró una de las transiciones democráticas más ejemplares de finales del siglo XX. Sin embargo, en los últimos años, y a raíz de la crisis económica de 2008, crece el descontento hacia la clase política y la democracia está retrocediendo en el país.

En el corazón de los Alpes julianos, entre Europa central y sudoriental, Eslovenia es conocida por sus bosques frondosos y montañas, que atraen anualmente a millones de turistas extranjeros. Con sus cerca de dos millones de habitantes, es uno de los países más étnicamente homogéneos de la antigua Yugoslavia, aunque su territorio actual ha servido como puente entre Europa occidental y la península balcánica, recibiendo la influencia de las culturas germánica y eslava. Es de esta última civilización de donde proviene el nombre de Eslovenia, ‘tierra de eslavos’.

A lo largo de la historia, Eslovenia ha pasado varios siglos bajo control de distintos Estados germánicos, como el Sacro Imperio y el Imperio austríaco. El primero controló el territorio esloveno durante cerca de mil años, mientras que el segundo gobernó la región desde mediados del siglo XIX hasta 1918. Bajo influencia austriaca, Eslovenia se modernizó y experimentó un auge industrial y comercial gracias, en buena medida, al puerto libre de Trieste. Ese desarrollo económico permitió a Eslovenia marcar diferencias con sus vecinos eslavos del sur, que todavía estaban en su mayoría controlados por el Imperio otomano. 

Fronteras de Eslovenia en la actualidad. Fuente: Wikimedia

Antes, durante los años de control del Sacro Imperio, empezó a tomar forma el idioma esloveno moderno, una lengua eslava emparentada con el serbocroata. Aunque el alemán continuó siendo el idioma principal en la cultura, administración y educación eslovenas hasta bien entrado el siglo XIX, a partir de los siglos XVI y XVII empezaron a aparecer libros en esloveno escritos por precursores como el reformador protestante Primož Trubar, uno de los primeros autores en esta lengua. Sobre esa base cultural, el despertar nacional esloveno no tardó en llegar a partir del siglo XIX, de la mano de otros nacionalismos europeos.

Para ampliar: “Historical Dictionary of Slovenia”, Leopoldina Plut-Pregelj, Gregor Kranjc, Žarko Lazarević and Carole Rogel, 2018

El despertar esloveno

Las primeras demandas del pueblo esloveno llegaron en 1848, coincidiendo con la oleada revolucionaria que sacudió a Europa ese año. Los nacionalistas eslovenos canalizaron sus demandas a través de la formación política Eslovenia Unida, que reclamaba el reconocimiento del idioma esloveno y la unión de las zonas habitadas por eslovenos en un mismo territorio autónomo dentro del Imperio austríaco, pues entonces estaban divididos en distintas provincias. Aunque estas demandas no triunfaron, sirvieron para establecer los cimientos de la política eslovena en las siguientes décadas.

A finales del siglo XIX, con los austriacos todavía dominando la región, el esloveno se estandarizó y la población eslovena consiguió disfrutar de un nivel de vida más alto que el de otros territorios del Imperio. No obstante, más de medio siglo después de la aparición de Eslovenia Unida, el nacionalismo esloveno volvió a emerger con un objetivo más ambicioso: la creación de un Estado independiente junto con los demás pueblos eslavos del sur. Tras perder la Primera Guerra Mundial, el Imperio se desintegró, lo que permitió reunir bajo un solo Gobierno a los eslavos de los Balcanes. El Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos fue proclamado en diciembre de 1918, aunque sería conocido popularmente desde sus inicios como Reino de Yugoslavia, nombre que adoptó oficialmente en 1929. 

Yugoslavia dió mayor voz a los intereses eslovenos que los austriacos, pero no supuso la realización completa de sus demandas. El cambio de fronteras tras la Primera Guerra Mundial provocó que gran parte de la población eslovena quedara en territorio de Italia o Austria, donde fueron sometidos a políticas de asimilación. Cerca de trescientos mil eslovenos, una cuarta parte de la población eslovena de la época, acabó bajo control italiano, y entre ellos la ciudad de Trieste, que a finales del siglo XIX era la ciudad con mayor número de eslovenos de todo el Imperio. Los cambios de fronteras, sumados a las migraciones eslovenas de finales del siglo XIX, redujeron mucho la población eslovena, que a principios del siglo XX contaba con apenas un millón de habitantes.

Con todo, a pesar de ser una de las regiones más pequeñas y menos pobladas de Yugoslavia, Eslovenia fue el principal motor económico e industrial del país, con cuatro veces mayor producción industrial que Serbia. Los problemas llegaron once años después de la fundación del país: la bonanza económica empezó a desvancerse en 1929 a raíz de la Gran Depresión. Además, la polarización social era cada vez mayor: el país pasó por una etapa de tensión política con la aparición del Partido Comunista, las luchas entre croatas y serbios por el control de Yugoslavia o la división sobre qué forma de Gobierno debía adoptarse. El rey yugoslavo Alejandro I respondió a esta crisis imponiendo una dictadura en 1929.

Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos en 1920. Las fronteras de Eslovenia no coinciden con las de la actualidad, ya que entonces Eslovenia no controlaba parte de la península de Istria y, por tanto, no tenía acceso al mar. Fuente: Wikipedia

Bajo el mando de Alejandro I, Yugoslavia se convirtió en una monarquía “constitucional”, se aumentó la persecución de los opositores y las libertades civiles fueron abolidas. Además, se modificó la distribución territorial del país en un intento de disipar las identidades nacionales, y Eslovenia pasó a denominarse Banovina del Drava, el equivalente a una provincia y con el nombre del río que cruza la región. Tras el asesinato de Alejandro I en 1934, que agravó la tensión política, el fín de la monarquía yugoslava no tardó en llegar. Las fuerzas del Eje invadieron Yugoslavia en 1941, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial en la región. Durante la contienda, la población eslovena padeció un gran desgaste. Primero bajo la ocupación italiana, cuando el italiano fue introducido como lengua oficial y se promovió la italianización de la población, dando lugar a limpiezas étnicas. Después, bajo la ocupación alemana, se prohibió el esloveno y se estableció el alemán como la lengua oficial. Se calcula que el 8% de la población eslovena murió durante la guerra

Para ampliar: “The Kingdom of Serbians, Croatians and Slovenians (1918–1929) / the Kingdom of Yugoslavia (1929–1941): Emergence, Duration and End”, Latinka Perović, 2015

La Yugoslavia socialista

Tras vencer a las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, el líder de los partisanos yugoslavos Josip Broz Tito, de raíces croato-eslovenas, que había aunado simpatías en gran parte de Yugoslavia más allá de la identidad nacional de cada pueblo, estableció la República Socialista de Yugoslavia en 1945. Junto a él, el partisano esloveno Edvard Kardelj fue el principal ideólogo de la Yugoslavia socialista y el segundo hombre más fuerte del nuevo régimen. Dentro de la nueva federación, Eslovenia se convirtió en una de las seis repúblicas socialistas, junto a Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro y Macedonia. Además, aumentó su tamaño con respecto a antes de la guerra, ganando acceso al mar Adriático e incorporando parte de la península de Istria, arrebatada a Italia. La disputa sobre Trieste, por el contrario, permaneció latente hasta 1954, cuando su territorio fue dividido entre Italia y Eslovenia, quedando la ciudad en manos italianas hasta hoy.

Para ampliar: “La Yugoslavia de Josip Broz Tito”, Pol Vila en El Orden Mundial, 2018

Durante la década de 1950, y tras la ruptura de las relaciones entre Tito y Stalin en 1948, la economía yugoslava se recuperó, abriéndose al mundo exterior y disfrutando de una etapa de crecimiento que duraría hasta mediados de la década de los setenta. Los sesenta y setenta fueron años de modernización y reformas políticas: el país se abrió al turismo y se desarrollaron infraestructuras de telecomunicaciones, mejorando la conexión interior de Yugoslavia y con el mundo.

Eslovenia jugó un papel fundamental en ese crecimiento, convirtiéndose en el principal motor económico y liderando la balanza económica y el comercio exterior yugoslavos. Con poco menos del 10% de la población, Eslovenia representaba el 20% del PIB. Y su relevancia no solo era económica: como curiosidad, el monte Triglav, el pico más alto de Yugoslavia, en el noroeste de Eslovenia, se convirtió en uno de los símbolos más importantes del país. Después pasaría a formar parte del escudo y bandera de Eslovenia tras su independencia en 1991. La importancia de este monte se evidencia todavía hoy en el refranero popular, que establece que uno no es un auténtico esloveno si no asciende el Triglav al menos una vez en su vida

Después de un par de décadas de estabilidad y crecimiento, el final de los setenta y los ochenta fueron años complicados para Yugoslavia. La muerte de Tito en 1980 y el estallido de la crisis económica tuvieron un gran impacto social y político, y la incertidumbre agravó las relaciones étnicas entre las diferentes comunidades yugoslavas, sacando a la luz rencores en torno a las masacres de la Segunda Guerra Mundial. Además, los eslovenos se quejaban de estar siendo explotados económicamente por las demás repúblicas y reprochaban que la mayoría de su dinero se destinaba a sustentar la endeble economía del resto del país.

Evolución de la economía yugoslava en la segunda mitad del siglo XX, subiendo hasta 1980 y con una fuerte bajada en los noventa a causa de la desfragmentación de Yugoslavia. Fuente: Andrés Rodríguez-Posé

En este clima político enardecido, la sociedad civil eslovena no tardó en tomar las calles para  protestar por el descenso del nivel de vida y la corrupción del sistema comunista tras la muerte de Tito, y pedir mayor autonomía para Eslovenia, demandas que rechazó el aparato político yugoslavo. Uno de los enfrentamientos precursores de los posteriores deseos de independencia fue la publicación por parte de intelectuales anticomunistas de una serie de artículos para la revista Nova Revija en los que se defendían principios opuestos a los postulados yugoslavos: el fin del comunismo, una transición democrática, mayor autonomía para Eslovenia y la introducción de la economía de libre mercado. Esta publicación desencadenó una serie de protestas que se conocería más tarde como la Primavera Eslovena de 1987. 

La desconfianza política hacia el Gobierno central también estaba presente en la Liga de los Comunistas de Eslovenia (ZKS), la rama local del partido único yugoslavo. Con su líder Milan Kučan a la cabeza, la ZKS empezó a cuestionar la existencia de Yugoslavia tras la llegada de Slobodan Milošević al poder en el país. El divorcio definitivo entre ambos tuvo lugar en enero de 1990, cuando, en protesta por el liderazgo de Milošević, sus pretensiones nacionalistas y su negativa a la independencia eslovena, la ZKS abandonó el Congreso de la Liga de Comunistas de Yugoslavia. Tres meses más tarde se celebraron por primera vez elecciones parlamentarias en Eslovenia, que darían el poder a una coalición democrática presidida por Kučan. 

Ese mismo año, el 23 de diciembre de 1990, Eslovenia votó un referéndum sobre la independencia, que fue apoyada con una mayoría abrumadora del 95% y una participación del 88%. Seis meses más tarde, y tras sucesivos roces con el aparato político yugoslavo, el 25 junio de 1991 Kučan declaró la independencia de Eslovenia. Pero la emancipación vendría teñida en sangre. A la mañana siguiente, los tanques del Ejército Popular Yugoslavo entraron en Eslovenia desencadenando la guerra de los Diez Días, el primer conflicto en el marco de la disolución de Yugoslavia. Tras la mediación de la Comunidad Económica Europea, y después de diez días de conflicto y 75 muertes, el Ejército yugoslavo abandonó Eslovenia. Los eslovenos eran independientes. La primera Constitución del nuevo país se promulgó en diciembre de 1991, estableciendo un república parlamentaria como forma de gobierno. Mientras tanto, el resto de Yugoslavia se sumergía en una cruenta guerra que dinamitaría la convivencia entre los pueblos yugoslavos. 

Para ampliar: “Desintegración y guerras de secesión en Yugoslavia”, Marcos Ferreira en El Orden Mundial, 2015

De la transición democrática a la desconfianza política

Desde la independencia, la hoja de ruta del nuevo Gobierno esloveno estuvo centrada en la adhesión a la Unión Europea y la OTAN. Para ello, la población eslovena confió en dos antiguas figuras del aparato comunista que se mantuvieron en el poder hasta entrado el siglo XXI. El primero de ellos fue Kučan, que ganó dos mandatos como presidente del país y se mantuvo en el cargo hasta 2002, cuando le relevó su antiguo compañero de filas Janez Drnovšek. Antes, Drnovšek había sido primer ministro desde la independencia del país, y ocupó la presidencia hasta 2007. Para ambos, la modernización de la infraestructura, la transición a una economía de libre mercado y la democratización del país fueron objetivos prioritarios.

Mapa de la Unión Europea y su integración
Eslovenia se convirtió en Estado miembro de la UE en 2004, junto con otros nueve países del este de Europa

Los primeros años de transición fueron ejemplares. Bajo el mando de Kučan y Drnovšek, Eslovenia desarrolló una economía independiente e instauró instituciones transparentes y democráticas. Eslovenia tuvo que hacer frente a las disputas fronterizas con Croacia y a las críticas por su gestión de los “borrados”, ciudadanos yugoslavos que vivían en Eslovenia antes de la disolución de Yugoslavia y a los que la nueva Administración eslovena no reconoció la nacionalidad, restringiendo su acceso a servicios públicos. Con todo, los eslovenos cumplieron los criterios necesarios para la entrada a la Unión Europea y, después de un referéndum aprobado por un 86%, accedieron a la UE en marzo de 2004 junto a otros nueve países europeos. El acceso a la OTAN se había completado meses antes. Eslovenia fue el primer país de la antigua Yugoslavia en entrar en la UE y lo hizo mucho antes que el segundo, Croacia, que entró en 2013; los restantes todavía están en proceso de acceder

Para ampliar: “La ampliación de la UE hacia el este”, Enric Rodríguez en El Orden Mundial, 2017

Sin embargo, tras más de diez años de crecimiento económico continuo, la economía eslovena frenó en seco a raíz de la crisis económica de 2008. El sector de la construcción se vio gravemente afectado, la tasa de desempleo se duplicó en dos años y el PIB per cápita se contrajo en un 8%, uno de los mayores descensos en la UE. Y como es habitual, la recesión económica derivó en otras crisis: se extendió el descontento hacia la clase política entre la población eslovena y hubo un cambio de Gobierno tras las elecciones de 2008.

Aunque esa desafección no solo tenía que ver con la crisis económica. Desde la independencia apenas ha habido una regeneración política y gran parte del sistema político esloveno sigue copado por figuras provenientes del antiguo régimen. Por ejemplo, tanto el primer ministro, Janez Janša, como el presidente, Borut Pahor, llevan en primera línea de la política desde hace más de treinta años; Janša, además, acumula tres legislaturas. Esta apatía hacia la clase política ha resultado en protestas en contra de la austeridad y la corrupción, especialmente fuertes en 2013. Además, la desconfianza hacia la clase política se ha traducido en una participación muy baja en las últimas elecciones parlamentarias y presidenciales, que ha oscilado en torno al 50% o incluso menos. Significativamente, en 2017 tan solo el 7% de los eslovenos confiaba en la clase política.

De la mano de la desconexión entre la política y la ciudadanía, en la última década Eslovenia ha vivido un deterioro democrático liderado por el primer ministro, Janez Janša. Considerado uno de los principales aliados y seguidores del líder húngaro Viktor Orbán, Janša ha llevado su estilo iliberal a Eslovenia, criticando las políticas de emigración de la Unión Europea y considerando a los refugiados como un riesgo para la seguridad del país. El primer ministro tampoco ha dudado tampoco en atacar a la prensa cuando esta ha ido en su contra

El primer ministro esloveno, Janez Janša (derecha), junto a su homólogo húngaro Viktor Orbán en la cumbre del Partido Popular Europeo en 2016. Fuente: Partido Popular Europeo 

La nueva legislatura de Janša, que empezó en marzo de 2020, puede ser un punto de inflexión que marque la dirección del país, ya sea hacia una deriva antidemocrática más profunda que polarice la sociedad, como ha pasado en Polonia o Hungría, o hacia un mayor acercamiento a la ciudadanía que restablezca la confianza en la clase política. Las últimas decisiones de Janša, que ha aprovechado la pandemia del coronavirus para recortar libertades fundamentales, parecen apuntar a la primera de las opciones.

Para ampliar: “El imperio húngaro de Orbán”, Álex Maroño, 2019

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