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La medicina tradicional china tiene unos 4.000 años y sus pilares se relacionan con la filosofía taoísta: cuando la energía se desequilibra, el cuerpo de la persona enferma. Existen distintos métodos para restablecer ese equilibrio: la acupuntura, la meditación, la ventosaterapia, los masajes y la fitoterapia, además del uso de productos animales, a los que se atribuyen propiedades curativas o vigorizantes. Pero la medicina tradicional china no tiene base científica, y puede ser menos eficaz que la medicina convencional e incluso no serlo.
Esta práctica, sin embargo, está poniendo en peligro a múltiples especies animales, cuya caza y tráfico ha crecido de la mano del desarrollo de la clase media chinas desde finales del siglo XX. El problema ha llevado a crear políticas de conservación de fauna y al auge de granjas de animales salvajes en Asia y África para cubrir la demanda, como las de tigres para el uso de huesos, de osos para extraerles la bilis o incluso de rinocerontes.
Cuernos de rinoceronte, más caros que el oro
El cuerno del rinoceronte, formado por pelo y piel endurecidos, se usa pulverizado para combatir la fiebre, dolores e incluso el cáncer. La situación del rinoceronte es dramática. Algunas especies y subespecies ya se han extinguido, como el rinoceronte negro de África occidental, el rinoceronte de Java que habitaba Vietnam o el rinoceronte blanco norteño en África, del que quedan dos hembras. Las poblaciones de rinoceronte blanco sureño, en África subsahariana y sobre todo Sudáfrica, están más saneadas. Pero el tráfico ilegal lo tiene en su diana y su caza ha aumentado: en Sudáfrica se abatieron 36 rinocerontes de manera ilegal en 2006, una cifra que escaló a mil cada año en 2016 y 2017, entre dos y tres al día.
El Gobierno chino retiró de su farmacopea el cuerno de rinoceronte y el hueso de tigre en 1993 tras firmar la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas...
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