La última guerrilla de América Latina ha dinamitado la apuesta por la paz del primer Gobierno de izquierdas en la historia moderna de Colombia. El Ejército de Liberación Nacional (ELN) lanzó en enero una ofensiva en la estratégica región del Catatumbo, fronteriza con Venezuela, contra grupos disidentes de las antiguas FARC. En medio quedó la población civil: los enfrentamientos dejaron decenas de muertos y 50.000 desplazados, el mayor desplazamiento en menos tiempo en décadas de conflicto armado.
La violencia del ELN —así como los atentados recientes atribuidos a una disidencia de las FARC— ha desestabilizado Colombia, y llevó al Gobierno de Gustavo Petro a poner fin a unas conversaciones de paz intermitentes desde 2022. Pero los enfrentamientos no sólo provocaron una crisis humanitaria: confirmaron que el ELN lleva años enterrando sus ideales mientras se convierte en un grupo armado binacional que explota economías ilícitas en Colombia y Venezuela a costa de la población civil.
Los años revolucionarios
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