El disegno di legge (DDL) Zan es la propuesta de ley contra la homofobia y transfobia en Italia que toma el nombre de su creador, Alessandro Zan, diputado del socialdemócrata Partido Democrático y activista por los derechos LGBTIQ. Pretende introducir la diferenciación entre sexo, género, orientación sexual e identidad de género en la Constitución italiana, que lleva un retraso de al menos veinte años respecto a la media europea en materia de derechos civiles. La cuestión se inserta en un clima europeo particularmente caliente en el tema LGBTIQ, a la luz de la ley húngara que relaciona los abusos sexuales a menores con la homosexualidad o las “zonas libres de LGBT” de Polonia.
El proyecto de ley, que ya cuenta con la aprobación de la Cámara de Diputados, se enfrenta ahora al sí definitivo del Senado. Lleva meses parado debido al obstruccionismo de los partidos de extrema derecha liderados por Matteo Salvini (Liga Norte) y Giorgia Meloni (Hermanos de Italia), que presentaron más de mil enmiendas para modificar el texto antes de la fecha límite prevista para el pasado 20 de julio. Más allá de que el 80% de esas enmiendas sean cambios gramaticales, como la introducción de una coma o de un punto, las demás denuncian conceptos que la propuesta ni siquiera contempla, como la pedofilia, el incesto y el aborto, retrasando los trámites de aprobación.
Las críticas a la propuesta, mezcladas con especulaciones y desinformación, han llegado al punto de identificar una medida contra la discriminación como algo peligroso para la sociedad. Según el senador Giacomo Caliendo, del partido conservador Forza Italia —liderado por Silvio Berlusconi—, se trata de “una ley peor que el código fascista”, mientras que Nadia Pizzol, de la Liga, denuncia la supuesta falta de bases científicas para el fenómeno de la homosexualidad. Otro representante de Forza Italia, Andrea Cangini, asegura que por cada grupo social que logra un reconocimiento legal, surgen otros que se sienten excluidos: “Entonces ¿qué hacemos? ¿Ponemos también a los gordos en la ley? ¿Los que llevan gafas o los veganos?”.
“¡Los niños no se tocan!”: el grito de la derecha contra la ley
El principio que guía los doce artículos de la propuesta es el de “prevenir y combatir la discriminación y la violencia por motivos de sexo, género, orientación sexual, identidad de género y discapacidad”. Este punto de partida busca promover la concienciación y el debate desde las escuelas, los lugares de trabajo y entre la población carcelaria, y prevé una jornada nacional contra la homofobia, la lesbofobia, la bifobia y la transfobia cada 17 de mayo.
Sin embargo, la idea de impartir una educación sexual desde temprana edad que incluya conceptos como “transgénero”, “gay” y “bisexual” ha desatado una gran polémica en la derecha italiana. “Es tarea de las familias y no de las escuelas”, sentencian algunos, “porque se corre el riesgo de exponer a los niños a las teorías de género, incentivando su transformación sexual y exponiéndolos a la prostitución online”, dicen otros. Distintas asociaciones cristianas han salido a la calle a expresar su disgusto con la propuesta de ley y su posible impacto en el concepto tradicional de familia. “Si todos fuéramos gays no habría natalidad. Los musulmanes también son contrarios a esta ley porque es la continuación de un diseño nihilista de la sociedad. Luego vendrá la eutanasia”, afirma Matteo Perosino, de Forza Italia.
Entretanto, la posición de Matteo Salvini confunde: en su discurso en el Senado durante el debate sobre el DDL Zan exhortó a cortar las relaciones comerciales con los países que condenan la homosexualidad con pena de muerte, como Irán. Pero al mismo tiempo ha apoyado una declaración de la ultraderecha europea junto con los primeros ministros de Hungría y Polonia, Viktor Orbán y Mateusz Morawiecki, además del partido español Vox y la Agrupación Nacional de Marine Le Pen en Francia, entre otros. Esta alianza dice querer salvar valores tradicionales europeos como la familia y la soberanía estatal, que consideran amenazados por el auge de nuevas fuerzas radicales, alejadas de la herencia judeocristiana en favor de la apertura al islam y a la tecnocracia europea.
Según Salvini, la Liga reconoce la importancia de las libertades ligadas al sexo y al género: “Ya tenemos alcaldes y gobernadores gays, y los seguiremos teniendo”, afirmó en julio. No obstante, también subrayó la necesidad de eliminar de la propuesta aquellos puntos que dividen al país y de “tener en cuenta las palabras del Vaticano”. En la misma línea se posiciona Giorgia Meloni, líder del partido ultraderechista que lidera las encuestas, Hermanos de Italia, quien denuncia una supuesta conspiración de lobbies, apoyados por la izquierda, para imponer los derechos LGBTQI.
El DDL Zan involucra hasta al Vaticano
Para la derecha italiana, la propuesta de ley limita la libertad de expresión y de pensamiento: “Ahora una persona no puede ni siquiera hacer un chiste sobre un homosexual porque te meten preso”. Frases como “yo quiero seguir siendo libre de decir ‘gay’ o ‘negro’” se hacen eco en las plazas italianas durante las marchas contra la propuesta.
Entre quienes se oponen a la reforma destaca el Vaticano, un Estado independiente que por primera vez se ha involucrado de forma explícita en el debate sobre una propuesta de ley en Italia. La secretaría del papa solicitó al Gobierno italiano modificar algunos puntos clave antes de su aprobación definitiva: “El contenido relativo a la criminalización de las conductas que discriminan por razones ligadas al sexo, etc., afectarían negativamente a las libertades garantizadas a la Iglesia católica y sus fieles”. Es decir, la Iglesia cree que sus ideas podrían pasar a ser “ilegales” debido a su postura sobre las “diferencias sexuales”.
La respuesta que dio al Vaticano el primer ministro, Mario Draghi, quien ni siquiera tiene cuentas en redes sociales, captó la atención con más de 55.000 reproducciones. Draghi reafirmó que Italia “es un país laico y no confesional”, pero en el que “laico no significa que el Estado es indiferente ante el fenómeno religioso, más bien que protege el pluralismo cultural”.
La ciudadanía italiana, mucho más a favor que sus políticos
El DDL Zan ha sido protagonista en las redes sociales italianas gracias a las campañas de apoyo de tertulianos, actores, cantantes y sobre todo influencers con millones de seguidores, quienes han empezado a subir fotos en las que exponen la palma de la mano con “DDL Zan” escrito en ella. Su influencia en política se ha reflejado en un 62% de apoyo a la reforma, según encuestas de julio, las más recientes. Los electores del Partido Democrático y el Movimiento Cinco Estrellas son los más favorables, con el 81%, aunque contra todo pronóstico también la apoyan los de la Liga Norte (51%). La mayoría son jóvenes de hasta treinta años (77%), mientras que los principales opositores son los electores de Hermanos de Italia, sobre todo por razones religiosas.
Con todo, el desencuentro de los partidos italianos con este asunto no parece afectar tanto a los ciudadanos; al contrario, ha aumentado la brecha entre la clase política y la sociedad. La mayoría de los italianos apoya que una ley garantice el respeto a las diferencias de género y que contrarreste la homofobia y la discriminación, pero se enfrentan a un aparato político viejo, desinformado y oportunista. Debido a la necesidad de tramitar con urgencia las nuevas medidas económicas frente a la pandemia, la discusión en el Senado del DDL Zan se ha retrasado hasta finales de octubre. Ahora Italia, y al parecer también el Vaticano, tendrán que lidiar no solo con la propuesta en torno a los derechos LGTBIQ, sino con las nuevas iniciativas para la legalización de la eutanasia y la marihuana, que también llegan con fuerza al debate público.







