El terrorismo de extrema derecha ya es una amenaza global

No es posible explicar las masacres de Christchurch, Halle, El Paso o Charlottesville de forma aislada. Los terroristas que cometen estos atentados están relacionados entre sí, no solo a través de vínculos ideológicos, sino de referencias explícitas los unos a los otros y conexiones a escala global. La llegada al poder de Donald Trump, la guerra del este de Ucrania e internet juegan un papel crucial en la configuración del terrorismo de extrema derecha.
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El terrorismo de extrema derecha ya es una amenaza global
Manifestación neonazi en Washington DC. Fuente: Elvert Barnes

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Esta última década ha sido testigo de un aumento significativo del número de crímenes de odio. Los datos aportados por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea evidencian que la cifra cada vez es mayor en países como Alemania, Reino Unido, Dinamarca o Austria. En Estados Unidos, en la última década el terrorismo supremacista blanco se ha cobrado el 73% del total de víctimas de asesinatos extremistas, en comparación con el 23% atribuibles al yihadismo.

De hecho, el terrorismo de extrema derecha y el yihadista tienen bastantes similitudes: los dos utilizan internet y redes sociales para la organización y la promoción de sus respectivos discursos de odio. Internet sirve como medio para la radicalización de los terroristas de extrema derecha, que acaban por dar el paso a la acción y perpetrar matanzas como la de las dos mezquitas de Christchurch (Nueva Zelanda) en marzo de 2019, o la de la sinagoga de Halle (Alemania) en octubre del mismo año. La estrategia del terrorismo supremacista blanco se basa también en la iniciativa de lobos solitarios repartidos por todo el mundo. Además, la guerra de Ucrania está sirviendo como campo de entrenamiento para estos terroristas, como lo han sido Afganistán, Irak o Siria para el yihadismo. Desde el comienzo de la guerra, extremistas de todo el mundo han viajado a Ucrania para enrolarse en muchos de los grupos paramilitares que allí se enfrentan para volver más tarde a sus países con experiencia de combate adquirida. 

Para ampliar: “Racismo y fanatismo: el supremacismo blanco en Estados Unidos”, Andrea Moreno en El Orden Mundial, 2017

En Estados Unidos, uno de los países donde el supremacismo blanco está más arraigado, la llegada al poder de Donald Trump ha reinstitucionalizado un discurso racista del que el presidente hizo gala durante toda su campaña. Su nombre e ideario suelen estar presentes en los atentados, como en el manifiesto del asesino de El Paso (Texas), que dejó 22 muertos en agosto de 2019. Incluso se ha demostrado que existe una correlación estadística entre su llegada al poder y el aumento del número de crímenes de odio en EE. UU. 

Crímenes de odio en las treinta mayores ciudades de EE. UU. desde 2010. Donald Trump anunció su candidatura en junio de 2015, y fue elegido en 2016. Fuente: Forbes

Pese a que vale la pena remarcar este vínculo, estas manifestaciones de odio siempre han sido condenadas por Trump, aunque de forma ambigua a veces y restándoles importancia. El relato que lleva a los tiradores a actuar normalmente adquiere tintes antiestablishment, relacionados con la descentralización que fomenta internet y las cruzadas personales, de nuevo, de forma parecida a los yihadistas. Es el caso del hombre que atentó contra la sinagoga de Pittsburgh, que declaraba que nunca había votado por Trump, ya que el presidente en realidad “era un globalista y no un nacionalista”

La guerra del Donbás, el campo de entrenamiento de la extrema derecha  

Otra de las comparaciones que se hace entre el terrorismo de extrema derecha y el yihadismo es la similitud entre la guerra del este de Ucrania y las guerras de Afganistán, Irak o Siria como campos de entrenamiento de los futuros terroristas. En los últimos años, se estima que unos 17.000 extranjeros de 50 países diferentes han viajado a Ucrania para combatir junto con las fuerzas paramilitares ucranianas o las prorrusas. 

El Soufan Center, organismo dirigido por el experto en terrorismo y exagente del FBI Ali Soufan, señala al Batallón Azov como el actor principal en la captación y adiestramiento de los terroristas en Ucrania. El Batallón Azov —que recibe su nombre por tener sede en la ciudad ucraniana de Mariúpol, en la costa noreste del mar de Azov— es un grupo paramilitar ucraniano de ideología neonazi financiado en su origen por uno de los oligarcas con más poder del país: Ígor Kolomoisky. Soufan ha demostrado que existen vínculos entre el tirador de Christchurch y el Batallón de Azov, y que, en los últimos años, reclutas provenientes de Alemania, Noruega, Reino Unido, Australia y otros países occidentales han viajado a Ucrania para entrenarse con el batallón. Igualmente, otras organizaciones como Rise Above the Movement (RAM) en EE. UU. o British National Action en Reino Unido han contribuido a lo que en Soufan llaman “globalización de la extrema derecha”, viajando al frente ucraniano de la guerra del Donbás y siendo acogidos por el Batallón Azov. Según el FBI, miembros de RAM que viajaron a Ucrania participaron en los ataques de Charlottesville. Incluso dentro de las Fuerzas Armadas estadounidenses se han encontrado casos de soldados que lucharon con otro conocido grupo paramilitar, el Pravey Séctor.

El bando prorruso es más complejo, pues no posee todos los rasgos habituales de la extrema derecha. Muchos de los grupúsculos que aquí combaten simpatizan con el comunismo y, en concreto, el estalinismo. Estos grupos están adheridos al relato nacionalista ruso que conmemora la Segunda Guerra Mundial como la Gran Guerra Patriótica: una lucha histórica contra el fascismo que tergiversa el papel de la URSS y del Ejército Rojo durante la contienda. Este relato ha sido también puesto en juego por el Kremlin durante la guerra de Georgia de 2008, durante la que se refería a los georgianos como fascistas, y se rescata en la actualidad como una herramienta ideológica para combatir al bando ucraniano en el Donbás. 

Alexander Zaldostanov, líder de los Night Wolves, recibiendo una condecoración de Vladímir Putin en marzo de 2013. Fuente: Kremlin

En el bando prorruso convergen individuos provenientes de varios ámbitos de la extrema derecha como hooligans, bandas de moteros como los Night Wolves —organización vinculada al Kremlin que jugó un papel relevante en la anexión de Crimea—, o grupos paramilitares como los eslovacos Slovak Conscripts. Estos grupos se ven seducidos por la ideología del Kremlin, que a su vez incorpora toda una serie de valores antiinmigración, misóginos, anti-LGBT, así como una narrativa tribalista a nivel racial. La Republika Srpska, la región secesionista en Bosnia-Herzegovina poblada mayoritariamente por serbios, también aporta milicias al bando prorruso, contratadas a través de la empresa rusa de seguridad privada Wagner. Estos proxys del Kremlin atraen a individuos de países incluso de más allá del espacio postsoviético, como Alemania o Brasil

Para ampliar: “Alemania tiene un problema creciente con la violencia de la extrema derecha”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2019

Redes sociales y discursos de odio  

Karl Marx escribió que la historia ocurre dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa. Si los crímenes que cometieron antaño el nazismo o el supremacismo blanco en Estados Unidos son en este caso la tragedia, la farsa son los asesinatos con los que la extrema derecha hoy difunde el terror. El universo que rodea a los tiradores está más cerca del llamado shitposting del internet marginal —donde los usuarios conocidos como trolls se dedican a difundir contenido basura— que a ideologías estructuradas. Foros como 8chan —cerrado desde agosto de 2019— o 4chan, donde la censura es casi inexistente, juegan un papel muy importante en la cadena de montaje de estos atentados. Estas plataformas, así como ciertos canales de Telegram, son el cauce por donde circula un enorme caudal de imágenes satíricas, memes y vídeos del que se compone el discurso de extrema derecha. Así, la repercusión y el éxito de los atentados dependen en gran parte de que las imágenes, el manifiesto y el resto de parafernalia se viralicen. El autor de la masacre de Christchurch pidió deliberadamente en el post en 8chan donde compartió su manifiesto —lleno de referencias a muchas bromas internas de Internet aquí mencionadas— que hicieran memes de todo lo que iba a pasar.  

Estas plataformas sirven también para propagar teorías conspiranoicas que alimentan el odio. Una de las más difundidas en la red es la del “gran reemplazo”, teoría propugnada por el escritor francés Renaud Camus que anuncia que la identidad francesa —y la occidental, por extensión— será víctima de un reemplazo por culpa del multiculturalismo y la inmigración, en particular la musulmana. Al igual que en los orígenes de la solución final, donde los nazis proponían deportar a la población judía a la isla de Madagascar, Camus apuesta por devolver a los inmigrantes de fuera de Europa a sus países de origen, incluso a los nacidos en suelo francés. Esta idea estaba presente en los manifiestos de los asesinos de Christchurch y El Paso, relacionada con las teorías del “genocidio blanco” o del plan Kalergi, según las cuales existe una conspiración judía que intenta acabar con la raza blanca a través del mestizaje. 

Para ampliar: “La rana y la cámara de gas: auge y caída de la ultraderecha estadounidense”, Jorge Tamames en El Orden Mundial, 2018

El arma que utilizó el asesino de Christchurch estaba decorada con referencias al universo que la extrema derecha utiliza en Internet. Fuente: Daily Sabah

Otro de los grandes ideólogos de la extrema derecha actual es también francés Alain de Benoist, que apuesta por abandonar las categorías de izquierda y derecha, centrando el antagonismo entre los globalistas, que apuestan por la diversidad, y los nacionalistas, que ven las políticas globalistas como “buenistas” y que tienen que luchar contra lo “políticamente correcto” —el multiculturalismo, las políticas migratorias, etcétera— para garantizar la supervivencia de la nación. No en vano, el subforo “politically incorrect” de 4chan es uno de los lugares donde se discuten estas teorías. Aquí se dan cita usuarios anónimos que simpatizan con la misoginia, la negación del cambio climático o la homofobia. 

Por último, cabe destacar la afinidad que existe entre el universo de los videojuegos de disparos en primera persona y este tipo de atentados. Comentarios en redes sociales sobre la “puntuación”, en referencia al número de víctimas que se cobró el tirador de El Paso, o el hecho de que el terrorista de Christchurch retransmitiera en directo desde una cámara instalada en su casco dan fe de la atracción que los terroristas profesan por la estética de esta clase de videojuegos. 

El supremacismo blanco está largamente arraigado en países como EE. UU., pero solo ahora está empezando a entenderse como otra forma de terrorismo en este y otros países. Si su discurso no se combate, allá donde alguien crea que la identidad occidental está siendo amenazada por el multiculturalismo, la inmigración o el supuesto complot judío por acabar con la raza blanca, el riesgo de ataque supremacista seguirá existiendo. Se estima incluso que estos atentados se pueden estar repitiendo con cierta periodicidad, de entre uno y dos meses, si no se les pone coto.  Y aunque se estén dando los primeros pasos en la lucha contra esta oleada de violencia, empezando a legislar e involucrando a las instituciones gubernamentales, todavía queda mucho camino por andar. 

Para ampliar: “El antisemitismo ya no es solo cosa de nazis”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2019

Arsenio Cuenca

Licenciado en Sociología por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Máster 1 en Geopolítica y Máster 2 en Ciberestrategia por el Instituto Francés de Geopolítica (París). Doctorando de la EPHE/CNRS (París). Estudio los extremismos, internet y la intersección entre ambos.