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El golfo de Guinea ya se ha convertido en el centro de la piratería mundial

El golfo de Guinea ya se ha convertido en el centro de la piratería mundial
Marines franceses de la misión EU NAVFOR liberan a un barco utilizado por piratas en Somalia en 2014. Fuente: EU NAVFOR, Flickr

El golfo de Guinea registró el 95% de los secuestros por piratas en todo el mundo en 2020. Los asaltos son cada vez más violentos y sofisticados en una zona vital para el comercio africano y por la que pasan 1.500 buques al día. La falta de oportunidades para los jóvenes y los destrozos medioambientales de las exploraciones de petróleo están detrás de un aumento de los ataques que las pocas medidas locales e internacionales no han podido frenar.

El carguero Mozart tenía que llegar a la ciudad gabonesa de Port-Gentil el pasado 23 de enero. Había partido de Lagos, en Nigeria, y su destino final tras surcar la costa oeste de África era Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Pero el barco, con bandera de Liberia y manejado por la empresa turca Boden Shipping, fue atacado por un grupo de piratas cuando cambió el rumbo hacia puerto, a más de 160 kilómetros de la tierra más cercana, la isla de Santo Tomé y Príncipe. Los asaltantes entraron al barco y seis horas más tarde consiguieron llegar a la tripulación por la fuerza, matando en el camino a un oficial azerbaiyano. Consiguieron su objetivo: apresar y llevarse a quince marineros turcos a punta de pistola.

El ataque llegó a las altas esferas de la política turca. Incluso el presidente del país, Recep Tayyip Erdoğan, habló con uno de los tres tripulantes que lograron escapar, sobre quien recayó la negociación del rescate. Dos semanas más tarde, los quince tripulantes fueron liberados sin daños. Ni la compañía ni el Gobierno turco hicieron oficial si pagaron un rescate, pero las informaciones apuntan a ello: los piratas contactaron con la empresa para discutir un precio días después del asalto.

La Oficina Marítima Internacional (OMI) había publicado días antes su informe de piratería de 2020, en el que informa de números de récord en la región: el golfo de Guinea representó el 95% de los tripulantes secuestrados por piratas en todo el mundo, 130 de los 135 en veintidós ataques distintos. Los secuestros no han parado de aumentar en el último lustro: en 2016 hubo solo 62 tripulantes capturados a nivel global.

Pirateria golfo de Guinea
Dieciséis países conforman el golfo de Guinea a lo largo de 6.000 kilómetros de costa, con Nigeria como principal foco de la piratería. Fuente: elaboración propia del autor

El asalto al Mozart sigue una tendencia al alza en los ataques de piratas en el Atlántico. Antes, los piratas atacaban en busca de petróleo, pero la caída de su precio en la última década, acentuada por la pandemia, cambió el enfoque hacia el secuestro de personas, con los que consiguen lucrativos rescates. Los secuestros son cada vez más violentos y sofisticados —en ocho de cada diez hay piratas armados— y se producen más lejos de la costa.  Los precios que piden por liberar a los cautivos varían conforme al tipo de barco, número de apresados y nacionalidad, pero el monto de los pagos ha aumentado. La OMI informó que en el golfo de Guinea se habían pagado 400.000 dólares por liberar tripulantes en todo 2015, mientras que solo en el rescate más reciente, de un pesquero chino en marzo de 2021, se han pagado 300.000.

Una zona estratégica para el comercio regional

El golfo de Guinea ha sufrido secuestros desde principios de siglo XXI, atraídos por la importancia del comercio. Por las aguas de esta costa de más de 6.000 kilómetros que alcanza a diecisiete países, desde Senegal al norte hasta Angola al sur, pasan cada día 1.500 barcos, una cuarta parte del tráfico marítimo africano, concentrada en veinte puertos. La región es rica en minerales, hidrocarburos y otras materias primas, cuya exportación es vital para las economías locales. Tan solo en el golfo de Guinea están el 4,5% de las reservas de petróleo, el 2,7% de las de gas natural y un 4% de la pesca del mundo. Además, África Occidental produce el 70% de los granos de cacao mundial. La ruta también es la vía para el tráfico ilícito internacional de drogas, con hasta un tercio de la cocaína proveniente de América Latina, que pasa por África Occidental rumbo a Europa.

Si la zona es importante para el comercio mundial, para Nigeria es vital. En aguas nigerianas se concentran dos tercios de las reservas de hidrocarburos del golfo de Guinea, que representan un 90% de las exportaciones y tres cuartas partes de los ingresos del Estado nigeriano. Con la caída del precio del petróleo, el país entró en 2020 en su segunda recesión en tan solo cinco años, lo que ha empeorado la situación económica, en especial alrededor del delta del Níger. 

A pesar de no haber datos oficiales, los piratas han sido identificados como provenientes de esta región del sur de Nigeria. La mayoría tiene entre treinta y 45 años, pero las redes criminales cuentan con gente de todas las edades. Los jóvenes ayudan con la logística y como conductores de lanchas, las mujeres ejercen de informantes en tierra y los veteranos, los mayores de 45 años, controlan el suministro de armas, comida e incluso el manejo de oráculos como talismán para sus ataques. Estas personas se han enfrentado durante años al abandono estatal, el desempleo y los daños de la extracción de petróleo en sus tierras.

La maldición de los recursos del delta del Níger potencia la piratería

La zona del delta del Níger engloba hasta a nueve estados regionales en la punta sur de Nigeria en los que viven alrededor de 30 millones de personas. Allí se descubrió petróleo en la década de 1950, y su exportación cambió la economía y el futuro del país, pero también la de los habitantes de la zona. La región tiene una alta biodiversidad y un potencial para acoger casi un 40% de la producción agrícola del país, pero las extracciones de petróleo han contaminado el terreno. A pesar de que los derrames se han reducido a casi la mitad en el último lustro, cada año se vierten 35.700 barriles. Tras un derrame de petróleo, las tierras presentan altos valores de químicos, hidrocarburos y metales pesados que dañan la agricultura y la pesca. A ello se suman los efectos sobre la salud, ya que los vertidos aumentan en 38 por cada 1.000 las muertes de neonatos de poblaciones a menos de diez kilómetros.

Cada vertido de un barril supone un daño aproximado de 6.900 dólares, y sus efectos en la erosión, las inundaciones y la polución de la zona después representan un 5,7% del PIB del estado del Delta. El pequeño pueblo de Bodo, por ejemplo, vivía de la pesca, pero los derrames dañaron sus aguas entre 2008 y 2009 y obligaron a los pescadores a faenar en altamar, incrementando el tiempo y costes de su trabajo. Con la ayuda de ONG internacionales como Amnistía Internacional, la comunidad de Bodo consiguió llegar a un acuerdo de compensación con la petrolera responsable, la neerlandesa Shell, por 62,3 millones de euros. En enero de 2021, la justicia de Países Bajos condenó a la multinacional por los vertidos y la obligó a indemnizar a cuatro agricultores a los que no había compensado. Fue la primera condena a una petrolera por sus actuaciones en la región.

Dos tercios de los vertidos están provocados por sabotajes. En Nigeria hay más de seis millones de armas en manos de civiles, más de diez veces de las que disponen las fuerzas de seguridad. Las armas acaban en manos de bandas criminales, que atraen a personas abandonadas por el Estado. El delta del Níger tiene la tasa más alta de desempleo del país, con alrededor de un tercio de las personas sin trabajo y muchos de ellos con empleos informales. Esto es más grave todavía entre los más de trece millones de jóvenes en paro en toda Nigeria, que son dos de cada tres desempleados del país. Los vertidos de petróleo, la falta de trabajo y la alta criminalidad se combinan con la falta de capacidad estatal para generar un cóctel explosivo que alimenta la piratería en la región.

Falta coordinación regional y ayuda internacional

Los veinticinco países que forman las asociaciones económicas regionales de África Occidental y Central firmaron en 2013 el llamado Código de Yaundé, con el que se comprometían a cooperar en seguridad marítima y a compartir información mediante centros de coordinación en varios países. La comunidad internacional apoyó la iniciativa —la Unión Europea aportó 55 millones de euros—, pero la baja capacidad naval de los países firmantes, unida a la falta de una estructura legislativa y judicial en cada país, ha lastrado su efectividad. Ante la creciente inseguridad, Nigeria ha intentado dar un paso al frente destinando 165 millones de euros para mejorar su vigilancia marítima y aprobando una nueva ley antipiratería. En julio de 2020, la justicia condenó por primera vez a diez piratas que habían asaltado un pesquero.

Sin embargo, las medidas son insuficientes y los mercantes piden mayor coordinación regional y presencia internacional, similar a la que actuó en Somalia, en el Cuerno de África, el extremo oriental del continente. La fallida creación del Estado somalí tras la guerra civil, la pobreza y la hambruna causada por la sequía de 2011 catapultó a centenares de jóvenes a la piratería para ganar dinero. La UE lanzó la operación marítima EU NAVFOR Atalanta en 2008 y la OTAN la acompañó con la Operación Escudo del Océano. Ahora Somalia ha pasado de ser el foco principal de piratería mundial a no registrar ningún secuestro por segundo año consecutivo en 2020.

La experiencia podría servir para ayudar a luchar contra la piratería en el golfo de Guinea, pero hay diferencias en esta región que hacen más complicada la tarea. Por un lado, el Cuerno de África actúa de paso para cargueros entre Asia, Oriente Próximo y Europa, mientras que el comercio en el golfo de Guinea es más regional, por lo que los barcos tienen que amarrar en puertos africanos, exponiéndose a los piratas. Además, los ataques en África Occidental suelen producirse en aguas de países africanos, para lo que para actuar es imprescindible la autorización y cooperación de sus Gobiernos. Por último, en Somalia solo se trataba con un país, mientras que en el golfo de Guinea confluyen los intereses de diecisiete.

Causas profundas, soluciones conjuntas

Las raíces del problema de la piratería en el golfo de Guinea están en el continente. La falta de oportunidades económicas, la incapacidad estatal para frenar la criminalidad y los daños al medioambiente y la economía local causados por la extracción de petróleo potencian los ataques. La región es clave para las exportaciones de hidrocarburos y el comercio regional, por lo que la piratería está dañando todavía más las maltrechas economías de estos países. El éxito de Somalia demuestra que el problema se puede remediar, pero para ello hace falta no solo seguridad marítima, sino también atender la situación socioeconómica en tierra que potencia la criminalidad en las aguas.