1957 fue decisivo para la igualdad racial en Estados Unidos. Ese año el Senado aprobó la Ley de Derechos Civiles, la primera ley de este tipo desde 1875 y precursora de la histórica Ley de 1964. Pese al amplio apoyo bipartidista, un grupo de senadores segregacionistas sureños se oponía. Uno de los más hostiles, el demócrata por Carolina del Sur Strom Thurmond, trató de frenar su aprobación a través de un método arcaico: el filibusterismo, también conocido como obstruccionismo parlamentario. Para impedir que la norma se votara, Thurmond dio un discurso de más de veinticuatro horas, y pese a que fue inútil, se convirtió en la intervención más larga en la historia del Senado estadounidense.
El poder legislativo en Estados Unidos recae en la Cámara de Representantes y el Senado, y requiere de una mayoría simple para aprobar gran parte de la legislación. Un senador, sin embargo, puede torpedear una ley a través de la práctica del filibusterismo hasta que una mayoría —actualmente de tres quintos, sesenta senadores de cien— ponga fin al debate y permita la votación.
Pese a que la Constitución no lo contempla, el empleo de peroratas para obstruir la legislación se remonta a la primera sesión del Senado, en 1789. Su abuso a partir de mediados del siglo XIX forzó a los legisladores a actuar. Desde 1917 el Senado permite la clausura (cloture) de un debate con el voto a favor de dos tercios de los legisladores presentes, lo que complicó el uso del filibusterismo. Sin embargo, desde 1970 ya no es necesario que un senador intervenga en el debate para obstruir un proyecto de ley, como hizo Thurmond, lo que aumentó la popularidad de esta práctica.
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