El fantasma de la injerencia rusa recorre el mundo. Izquierda y derecha, conservadores y progresistas, europeos y estadounidenses intentan unirse para exorcizar el espectro de la “posverdad”, las fake news o ‘noticias falsas’ y los agentes encubiertos del Kremlin. Durante el encuentro de Donald Trump y Vladímir Putin en Helsinki en julio, el presidente estadounidense, tras criticar la OTAN y la Unión Europea, mostró más confianza en su homólogo ruso que en los servicios de inteligencia estadounidenses, en lo que parecía una pinza al establishment atlantista.
Para ampliar: “Trump contra la OTAN”, Blas Moreno en El Orden Mundial, 2018
La inesperada elección de Trump se ha interpretado, junto con el brexit, como un caso clamoroso de injerencia rusa en procesos democráticos occidentales. Mediante campañas de manipulación relativamente sencillas, el Kremlin aparentemente ha sumido en el caos al mundo anglosajón. En Europa, los defensores de Putin —ultraderechistas como Marine Le Pen y Matteo Salvini— dirigen partidos capaces de desestabilizar la Unión. Pero las acusaciones de ser adláteres rusos llegan incluso al nuevo presidente de México, el líder laborista británico o el secretario general de Podemos. El régimen ruso, que dirige un petro-Estado con el PIB de Italia y emplea un discurso reaccionario con poco tirón fuera de la “Gran Rusia”, cuenta así, según este relato, con una proyección internacional superior a la de la Unión Soviética en su apogeo.
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