Los atentados del 11 de septiembre de 2001 pusieron a Al Qaeda al frente del yihadismo global y convirtieron al grupo en una de las principales amenazas a la seguridad internacional, una década después de su nacimiento en Afganistán. La guerra contra el yihadismo que empezó entonces todavía está en marcha sin que haya conseguido su propósito. Entretanto, en 2006 nació en Irak un nuevo grupo, primero como filial local de Al Qaeda y después como independiente: Dáesh. El asesinato del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, en 2011, facilitó que Dáesh se escindiera de la matriz y desde entonces este grupo se ha puesto al frente de la yihad global.
Hoy, el debilitamiento de Dáesh y la muerte de su líder, Abu Bakr al Baghdadi, podrían estar devolviéndole el favor a Al Qaeda. La pérdida del líder mermará la capacidad de reclutamiento de Dáesh a la vez que sus oportunidades para demostrar su poder se reducen. Por el contrario, los años de protagonismo de Dáesh han permitido que Al Qaeda siguiera creciendo en la sombra, y puede ahora presentarse como una alternativa más madura y con una mejor estrategia que su antigua y derrotada filial.
Para ampliar: “Dáesh, o cómo nos hemos olvidado de Al Qaeda”, Borja Lucas en El Orden Mundial, 2015
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