Vírgenes, calaveras y Lenin: la cultura del tatuaje en las cárceles soviéticas

Para los reclusos soviéticos el DNI estaba en su piel. Sus tatuajes podían indicar delitos, la cantidad de condenas o su actitud frente al régimen, pero cambiaron de significados con los traumas de la Segunda Guerra Mundial, la descomposición del país o el auge de las drogas en Rusia.
SociedadRusia y espacio postsoviético
Vírgenes, calaveras y Lenin: la cultura del tatuaje en las cárceles soviéticas
Fuente: vídeo promocional del libro 'Russian Criminal Tattoo Police Files' publicado en la editorial FUEL

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Los tatuajes lo contaban todo de los reclusos en las prisiones soviéticas. Desde sus gustos hasta la razón de su condena, se trataba de un complejo código construido durante décadas y ligado a la esfera criminal. La ley en las cárceles era tan estricta y hermética que impedía tener una vida más allá, dictaba cómo debía proceder un preso y organizaba las relaciones entre ellos.
Todos obedecían al vor v zakone (‘ladrón dentro de la ley’), como han mostrado las investigaciones del periodista Serguéi Vasiliev y los criminólogos Arkady Bronnikov y Danzig Baldaev. Además de ostentar logros en el mundo del crimen, los vor v zakone debían acatar ciertas normas: no podían trabajar legalmente, involucrarse en política o tener familia, y debían ofrecer ayuda a otros ladrones. Existían ciertos tatuajes que permitían identificarlos, como estrellas en la parte delantera de los hombros o galones militares. Baldaev fue carcelero en la prisión de Kresty, una de las más famosas de Rusia, y después viajó por toda la Unión Soviética recopilando información sobre la vida criminal, su cultura y su jerga.
Los tatuajes se ponen de moda
Marcar el cuerpo de criminales con cortes o hierro candente para identificarlos era una práctica extendida en Rusia. En el siglo XVIII, durante el reinado de Catalina la Grande, se prohibió el castigo corporal, por lo que desde entonces se les marcaría con tatuajes como la palabra VOR (‘ladrón’) en la frente o las mejillas. Con el tiempo, los propios criminales terminaron adoptando esta costumbre dentro de las prisiones, que no quedaron exentas de las modas. Hace un siglo predominaron las águilas imperiales, que mostraban rechazo hacia el régimen soviético, luego aparecieron los retratos de Lenin y Stalin, monasterios, demonios o curas en pilas de fuego. También era representativa su ubicación: las mismas estrellas de hombros de los vor v zakone en las rodillas significaban que el tatuado no se arrodillaba ante ninguna autoridad. 

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Oleg Lukin

San Petersburgo, 1995. Crecí en La Línea de la Concepción, Cádiz. Graduado en Periodismo y Máster en Política Internacional (UCM). He pasado por elEconomista, BBVA Global y Cinco Días. Colaboro con el Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura e investigo sobre construcciones culturales, concretamente, dentro del espacio postsoviético.