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Los tatuajes lo contaban todo de los reclusos en las prisiones soviéticas. Desde sus gustos hasta la razón de su condena, se trataba de un complejo código construido durante décadas y ligado a la esfera criminal. La ley en las cárceles era tan estricta y hermética que impedía tener una vida más allá, dictaba cómo debía proceder un preso y organizaba las relaciones entre ellos.
Todos obedecían al vor v zakone (‘ladrón dentro de la ley’), como han mostrado las investigaciones del periodista Serguéi Vasiliev y los criminólogos Arkady Bronnikov y Danzig Baldaev. Además de ostentar logros en el mundo del crimen, los vor v zakone debían acatar ciertas normas: no podían trabajar legalmente, involucrarse en política o tener familia, y debían ofrecer ayuda a otros ladrones. Existían ciertos tatuajes que permitían identificarlos, como estrellas en la parte delantera de los hombros o galones militares. Baldaev fue carcelero en la prisión de Kresty, una de las más famosas de Rusia, y después viajó por toda la Unión Soviética recopilando información sobre la vida criminal, su cultura y su jerga.
Los tatuajes se ponen de moda
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