China entendió que las conversaciones en Afganistán se hacían con los talibanes desde que Estados Unidos negoció con ellos la retirada de sus tropas. Esta se hizo efectiva en agosto de 2021, y para entonces los talibanes y Pekín ya se habían acercado. Poco después, el nuevo Gobierno afgano reconocía que el gigante asiático sería su “mayor socio”. Casi no tiene reconocimiento internacional, pero sí de potencias como Rusia, Irán, Pakistán, Catar, Arabia Saudí o Turkmenistán, además de China, que está decidida a comerciar con él e incluirlo en foros internacionales.
Pekín publicó el pasado mes de abril una hoja de ruta de once puntos acerca de su posición sobre “la cuestión afgana”. En ella muestra su interés en la estabilidad del país y en contribuir a desarrollar su infraestructura. La estabilidad de Afganistán le importa para la seguridad de sus negocios, pero también para explotar sus recursos naturales, valorados en más de un billón de dólares según estimaciones del anterior Gobierno afgano. China ya está ganando terreno para explotarlos y para expandir sus proyectos de infraestructura, hilando al país en la Nueva Ruta de la Seda.
A la caza de los recursos de Afganistán
Afganistán vive una crisis económica y humanitaria a raíz de la caída del Gobierno, la llegada de los talibanes al poder en agosto de 2021 y las sanciones internacionales. Estados Unidos, por ejemplo, tiene congelados 7.000 millones de dólares del banco central afgano. Pero los talibanes aseguran que la explotación de sus recursos podría hacer del país uno de los más ricos de la región. Afganistán posee grandes yacimientos de hierro, cobre, aluminio, zinc, litio, piedras preciosas, tierras raras y reservas de gas y petróleo. Esto ha hecho que la Unión Soviética o Estados Unidos con Donald Trump hayan intentado explotarlos. China ya tenía contratos de explotación antes de que volvieran los talibanes, y desde entonces han retomado las conversaciones. De hecho, la petrolera y gasista china Capeic cerr...