Las epidemias no son un fenómeno nuevo. Antes del coronavirus, el mundo vivió la peste negra, la gripe española, el SIDA o el ébola, enfermedades de todo tipo que llevan asolando la Tierra desde hace siglos. Sin embargo, nunca hasta hoy se había conocido una extendida a nivel planetario y en tan poco tiempo. A 15 de mayo, el coronavirus ha acabado con la vida de más de 300.000 personas y contagiado a cerca de 4,5 millones en todo el mundo, afectando a prácticamente todos los países. El origen está, aparentemente, en un mercado chino en el que se vendían murciélagos, pangolines y otros animales salvajes.
¿Qué tiene de especial este virus? ¿Es más contagioso que los anteriores?, ¿más grave o resistente? Lo cierto es que no. El elemento clave de este brote ha sido la globalización, el ecosistema perfecto para que en cuestión de horas una enfermedad contagiosa se propague a miles de kilómetros en todas direcciones. Gracias a las conexiones aéreas internacionales o la producción deslocalizada de la economía globalizada mundial, el capitalismo, que es el sistema responsable de todo ese desarrollo, también se ha visto obligado a parar. Pero la relación entre el capitalismo globalizado y las pandemias va mucho más allá.
Para ampliar: “El mundo sí tenía prevista una pandemia, pero no actuó para evitarla”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2020
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