Las epidemias no son un fenómeno nuevo. Antes del coronavirus, el mundo vivió la peste negra, la gripe española, el SIDA o el ébola, enfermedades de todo tipo que llevan asolando la Tierra desde hace siglos. Sin embargo, nunca hasta hoy se había conocido una extendida a nivel planetario y en tan poco tiempo. A 15 de mayo, el coronavirus ha acabado con la vida de más de 300.000 personas y contagiado a cerca de 4,5 millones en todo el mundo, afectando a prácticamente todos los países. El origen está, aparentemente, en un mercado chino en el que se vendían murciélagos, pangolines y otros animales salvajes.
¿Qué tiene de especial este virus? ¿Es más contagioso que los anteriores?, ¿más grave o resistente? Lo cierto es que no. El elemento clave de este brote ha sido la globalización, el ecosistema perfecto para que en cuestión de horas una enfermedad contagiosa se propague a miles de kilómetros en todas direcciones. Gracias a las conexiones aéreas internacionales o la producción deslocalizada de la economía globalizada mundial, el capitalismo, que es el sistema responsable de todo ese desarrollo, también se ha visto obligado a parar. Pero la relación entre el capitalismo globalizado y las pandemias va mucho más allá.
Para ampliar: “El mundo sí tenía prevista una pandemia, pero no actuó para evitarla”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2020
La “gran aceleración” que globalizó las enfermedades
Si las epidemias no son algo nuevo, tampoco lo es la economía globalizada. No obstante, fue a partir de los años cincuenta y sesenta del siglo XX cuando se produjo la “gran aceleración” que sentó las bases de la globalización en su estado actual. En esos años de oro del capitalismo, el crecimiento económico y demográfico, el consumo y los movimientos de personas alcanzaron cotas nunca vistas hasta entonces. Esos cambios fueron el inicio de lo que algunos teóricos han denominado el “antropoceno”, una era geológica nueva en la que los efectos de la actividad humana marcan el funcio...