El mundo se está llenando de basura. Cada año se producen más de 2.000 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos al año y al menos un tercio no se trata de forma adecuada, recoge el Banco Mundial. Para 2050 serán más de 3.400 millones de toneladas anuales. Los países ricos suman un 16% de la población global, pero generan el 35% de esa basura. En particular, el mundo generó 53,6 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2019. Sólo un 17% se recogió y recicló, según monitorea la ONU. Además, advierte Greenpeace, hemos producido más plástico en diez años que en toda la historia de la humanidad.
Todo ese consumo se dispara en tiempos de Black Friday, Cyber Monday y compras navideñas. ¿Y dónde acaba la basura? Gran parte en los océanos, dañando sus ecosistemas. Pero también en el Sur Global. En las últimas décadas, muchos países ricos han pasado a exportar la basura que no quieren reciclar. Los países en desarrollo podrían aprovecharla para conseguir plástico a bajo precio, por ejemplo, pero en la práctica suele acabar en macrovertederos, auténticos focos de contaminación e insalubridad para miles de personas.
¿Quién querría comprar todo eso?
Los países ricos no quieren acumular basura. Entre los quince países que exportaron más residuos plásticos en 2022 hay diez europeos, liderados por Alemania y Países Bajos, además de Estados Unidos, Canadá y Japón. Al exportar su basura evitan lidiar con material difícil de reciclar y se deshacen de potenciales focos de contaminación, incendios y enfermedades. Ahora bien, no se sabe con exactitud cuáles son los mayores importadores de residuos, pero están en África y Asia. Por ejemplo, Senegal o Afganistán son de los países con más riesgo ambiental por mala gestión de residuos pese a su baja producción de basura per cápita.
El auge de este mercado tiene varias explicaciones aparte del aumento del consumo. Por un lado, los países receptores reciben millones de dólares por importar basura. Según la Conferencia de las ...