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El fichaje de Cristiano Ronaldo por el Al Nassr saudí ha revolucionado el fútbol. Con su llegada a Arabia Saudí, el jugador portugués se ha convertido en el deportista mejor pagado del planeta. Más de doscientos millones de euros al año es el salario que desembolsará el club por tener en sus filas al máximo goleador de la historia. El mensaje que lanza esta astronómica cifra es contundente: Arabia Saudí quiere emular el dominio de Catar en el fútbol. Y lo hace en un momento simbólico, justo tras la celebración del Mundial en el emirato.
Pero el traspaso de Ronaldo es solo una parte de la estrategia. En los últimos años, Arabia Saudí ha invertido miles de millones de dólares en patrocinar equipos, organizar competiciones y comprar clubes de élite como el Newcastle inglés. Sus objetivos trascienden lo deportivo. Riad pretende diversificar su economía, potenciar su influencia internacional y limitar el crecimiento de Catar. A través del fútbol, Arabia Saudí ha visto cómo su pequeño vecino ha pasado de ser su vasallo a convertirse en una potencia regional, y no quiere quedarse atrás.
Arabia Saudí y Catar, rivalidad geopolítica tras el balón
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