El fichaje de Cristiano Ronaldo forma parte de la estrategia de Arabia Saudí para dominar el fútbol mundial. Deseosos de diversificar su economía y celosos de la creciente influencia internacional de Catar, los saudíes impulsan su liga nacional, han comprado el Newcastle y pugnan por organizar el Mundial 2030.
El fichaje de Cristiano Ronaldo por el Al Nassr saudí ha revolucionado el fútbol. Con su llegada a Arabia Saudí, el jugador portugués se ha convertido en el deportista mejor pagado del planeta. Más de doscientos millones de euros al año es el salario que desembolsará el club por tener en sus filas al máximo goleador de la historia. El mensaje que lanza esta astronómica cifra es contundente: Arabia Saudí quiere emular el dominio de Catar en el fútbol. Y lo hace en un momento simbólico, justo tras la celebración del Mundial en el emirato.
Pero el traspaso de Ronaldo es solo una parte de la estrategia. En los últimos años, Arabia Saudí ha invertido miles de millones de dólares en patrocinar equipos, organizar competiciones y comprar clubes de élite como el Newcastle inglés. Sus objetivos trascienden lo deportivo. Riad pretende diversificar su economía, potenciar su influencia internacional y limitar el crecimiento de Catar. A través del fútbol, Arabia Saudí ha visto cómo su pequeño vecino ha pasado de ser su vasallo a convertirse en una potencia regional, y no quiere quedarse atrás.
Arabia Saudí y Catar, rivalidad geopolítica tras el balón
En la ceremonia inaugural del Mundial de Catar, el príncipe saudí Mohamed bin Salmán sorprendió al mundo apareciendo junto al emir catarí y vistiendo una bufanda de la selección catarí. La imagen escenificaba la reconciliación entre ambos países después de que Arabia Saudí, junto a otros países árabes, impulsara un embargo a Catar entre 2017 y 2021. Sin embargo, la aparente complicidad escondía cierta envidia. Los saudíes observan con recelo el crecimiento de su pequeño vecino. Pero esa relación de competencia no siempre fue así.
Tras su independencia en 1971, Catar se convirtió en un país vasallo de Arabia Saudí. Durante décadas, la política exterior catarí estuvo subordinada a los intereses de Riad, dependencia que solo comenzó a truncarse a principio...
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