32 primeros ministros en 72 años. ¿Por qué Japón tiene Gobiernos tan inestables?

Después de sufrir la dimisión de dos primeros ministros en un año, Japón celebra unas elecciones que podrían traer de vuelta la inestabilidad política al país. Aunque un solo partido ha gobernado casi de continuo desde 1955, sus rivalidades internas han provocado que los Gobiernos cayeran cada pocos años.
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32 primeros ministros en 72 años. ¿Por qué Japón tiene Gobiernos tan inestables?
Fuente: elaboración propia

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Con su dimisión en septiembre como líder del Partido Liberal Democrático (PLD), el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, también renunciaba a dirigir el país. Su salida llega un año después de la de Shinzo Abe, que dimitió en agosto de 2020 por razones de salud, y a menos de dos meses de las elecciones generales del 31 de octubre. Después del mandato de Abe, el más duradero en la historia moderna de Japón, el corto mandato de Suga y la rivalidad entre facciones en las primarias recuerdan a la inestabilidad política de 1993 a 2012. En esos veinte años hubo trece primeros ministros, y todos excepto uno duraron menos de tres años en el cargo debido a escándalos de corrupción y a las divisiones dentro del PLD. 

La victoria de Fumio Kishida en las primarias ha puesto de relieve las diferencias en el seno del partido, que solo ha estado fuera del Gobierno cuatro años desde 1955. Las primarias no solo han sido noticia por contar por primera vez con dos mujeres candidatas, sino porque el ala más conservadora ha boicoteado al candidato más popular entre los votantes para favorecer a Kishida. La falta de consenso se suma a los pobres índices de popularidad del Gobierno interino de Kishida, los más bajos en dos décadas, al descontento popular por la mala gestión del coronavirus y a una oposición más coordinada. Japón se encamina a las elecciones más ajustadas desde hace diez años y con ello se asoma ante un posible regreso a la inestabilidad.

El partido atrapalotodo 

El PLD surgió en 1955 tras la unión del Partido Liberal y el Partido Democrático de Japón para combatir el acecho comunista. Sin embargo, ser el punto de convergencia de diversos grupos del conservadurismo y nacionalismo japonés lo ha convertido en un partido de partidos. El PLD aglutina hasta siete facciones, y la disparidad entre algunas ha creado rivalidades irreconciliables entre sus líderes, pero le ha permitido adaptarse a las necesidades del momento para ganar elecciones. 

Las primarias de este año han estado reñidas y han mostrado un PLD dividido. Por un lado están los diputados más jóvenes y las bases del partido, que en su mayoría preferían un líder más progresista y popular entre los votantes, como Taro Kono. Por otro, los sectores más tradicionales apostaron por el moderado Kishida y la ultraconservadora Sanae Takaichi para que Kono no ganara. Pese a una primera ronda muy ajustada, la alianza anti-Kono, liderada por veteranos como Abe, dio la victoria final a Kishida.

Para mantener la estabilidad entre facciones, Kishida ha repartido ministerios y altos cargos de la Administración de manera más o menos equitativa entre miembros de su facción y socios de otras que le han ayudado a ganar. Aunque la influencia de Abe y otros pesos pesados del partido se ha notado en la distribución de cargos, la decisión final ha alienado a Abe y su facción, la más numerosa. Pero quienes se han llevado la peor parte son Kono y sus aliados, a quienes han purgado o bajado de rango a pesar de su mayor popularidad.

Si las concesiones dentro del partido fueran poco, para asegurarse una mayoría absoluta, el PLD también tiene que ganarse a su socio de gobierno desde 1999: el partido budista Komeito. Este partido, ligado a la poderosa organización budista Soka Gakkai, tiene una base fiel de votantes que hace valer para estar en el Gobierno controlando un ministerio. Pero la relación entre ambos partidos no es fácil debido a que su laxitud con China choca con el ala más anti-Pekín del PLD.

Corrupción, inestabilidad y una oposición débil

La división interna ha perjudicado al PLD en tiempos de crisis. Las dos únicas veces que el partido ha perdido el poder han estado ligadas al inicio de la crisis financiera de 1991 en Japón y la crisis económica de 2008. La corrupción también ha contribuido a la dimisión de distintos Gobiernos. La coalición de ocho partidos que le arrebató el poder al PLD en 1993, por ejemplo, hizo aguas al cabo de un año por un caso de soborno, y el primer Gobierno de Abe (2006-2007) cayó por estar implicado en corruptelas. La mala gestión de catástrofes como el terremoto de Kobe de 1995 y el accidente nuclear de Fukushima de 2011 también ha forzado a dimitir a los Gobiernos del momento. 

El politiqueo interno para conseguir poder y representación también se ha traducido en un panorama político inestable. Entre 2006 y 2012, Japón estuvo liderado por siete primeros ministros, uno por año. La discordia entre facciones y la enemistad con líderes poderosos del partido ha contribuido a que el mismo PLD boicotee a sus propios cargos políticos y fuerce su dimisión.

Débil y dividida, por su parte, la oposición parece estancada en una inestabilidad perenne. Las coaliciones nunca han durado más de un año. Algunos partidos se han disuelto al poco de crearse, como el Partido de la Renovación, que durante su año y medio de funcionamiento en 1994 gobernó Japón durante 64 días. Otros recientes, como el Partido Democrático Constitucional (PDC), actual partido principal de la oposición, se crearon después de que dos o más partidos se fusionaran.

Falta sintonía con el electorado

A la inestabilidad política se le suma una tasa de participación electoral en declive y que no llega al 55%, en especial entre los más jóvenes, y un elevado porcentaje de desconfianza hacia los partidos políticos (67,6%) y el Gobierno (53%). Sin embargo, el Ejecutivo busca que la participación se mantenga baja y que solo los votantes fieles vayan a las urnas, lo que beneficia al PLD y a sus aliados de Komeito. De ahí que estas elecciones caigan el día de Halloween, fiesta muy popular entre los jóvenes, y que además se haya suspendido el estado de emergencia activo desde abril de este año por la pandemia.

Las últimas encuestas disponibles sitúan al PLD en cabeza, pero, a diferencia de las últimas tres elecciones, no llegaría a una mayoría simple y tendría que ceder más ante Komeito. Por otra parte, la oposición se está coordinando a niveles nunca vistos. Las candidaturas comunes que el PDC ha presentado para estas elecciones con el Partido Comunista y otras formaciones opositoras en algunos distritos no tienen precedente. A una semana de los comicios, algunas candidaturas ya han tenido éxito en las elecciones parciales a la Cámara Alta.

El PLD, que gobierna sin interrupción desde 2012, se presenta como el único partido capaz de sacar a Japón de la crisis del coronavirus, defender sus intereses ante los embates de China y Corea del Norte, y garantizar una relación estrecha con Estados Unidos y socios regionales como India y Australia. Si bien el PLD aún tiene las de ganar, la recesión económica derivada de la pandemia, las rivalidades entre facciones y una popularidad en horas bajas pueden encaminar a Japón a la enésima etapa de inestabilidad política.

Marta Nuevo

Barcelona, 1994. Investigadora en el International Institute for Global Strategic Analysis (IIGSA). Graduada en Traducción e Interpretación (inglés y japonés) por la UAB. Máster en Relaciones Internacionales por la Universitat Ramón Llull-Blanquerna y diploma en Conflictos Internacionales por la Utrecht University. Interesada en política exterior, conflictos y sociedad en Asia-Pacífico.