“Si nos obligan a ir al Ejército, abandonaremos el país en masa”, advirtió a principios de marzo el influyente rabino Yitzhak Yosef. Días antes, cientos de extremistas religiosos cortaron una autopista y otro grupo bloqueó el tranvía en Jerusalén para protestar. Algunos afirman incluso que “prefieren morir que servir en el Ejército”. En Israel deben prestar servicio militar todos los hombres y mujeres mayores de dieciocho años, excepto los jaredíes, judíos ultraortodoxos que se dedican a estudiar la religión, y los palestinos con ciudadanía israelí.
Sin embargo, el Ejército necesita reclutas para la guerra en Gaza. Dos proyectos de ley han reabierto el debate sobre los privilegios jaredíes: uno para prolongar el servicio militar a los soldados y reservistas, y otro que perpetúa la exención de los judíos ultraortodoxos. El ministro de Defensa, Yoav Gallant, reclama que los jaredíes sirvan en el Ejército. Como la exención expiró el pasado 1 de abril, los judíos ultraortodoxos podrán ser reclutados. La Corte Suprema israelí ha ratificado esta postura este 25 de junio, obligando a los jaredíes a realizar el servicio militar obligatorio. Pero los partidos ultraortodoxos ya amenazaron en marzo con derribar al primer ministro, Benjamín Netanyahu: “Si un solo estudiante de yeshiva tiene que cerrar su Talmud, no habrá Gobierno”.
Los privilegios de los judíos ultraortodoxos
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