La ruptura de relaciones con Rusia tras la revolución del Euromaidán de 2014 obligó a Ucrania a buscar nuevos socios. Ante las tibias respuestas de cooperación desde Occidente, el país tuvo que aceptar la mano tendida de China. Buscaba así reflotar una economía que había sufrido un duro revés tras los sucesos de 2014 y el cambio de Gobierno, pero el país ha terminado en el centro de una disputa entre Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China.
El abastecimiento de vacunas contra el coronavirus es un buen ejemplo de cómo están las relaciones exteriores de Kiev. Ante el rechazo a administrar la vacuna rusa, la Sputnik V, debido a la hostilidad con Moscú y dado que la UE y Estados Unidos han priorizado la vacunación de sus propios ciudadanos, Ucrania ha adquirido la mayoría de sus vacunas de China, y es además uno de los últimos países europeos en haber conseguido alguna.
Pese a que muchos de los acuerdos de cooperación con China son menores, la dependencia ucraniana de este país ha crecido rápido. Tan solo un año después del Maidán, Ucrania aumentó su exportación agrícola al gigante asiático en un 56%, y Pekín se convirtió en su mayor socio comercial en 2019. Sin embargo, la relación es desigual: mientras Kiev se contenta con acuerdos comerciales y de inversión, China busca extender su influencia política.
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