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“¡Se colaban por las alcantarillas! Las amo, swifties. La crisis económica las persigue, pero ustedes corren más rápido”. La publicación de un tuitero argentino el pasado 10 de noviembre viralizó el vídeo: fans de la cantante Taylor Swift llegaban a ese extremo para verla en uno de sus tres conciertos en Buenos Aires. Aunque en verdad sólo le estaban recuperando el móvil a una chica, la situación fue un nuevo ejemplo de que para la mayoría de la población argentina cada vez es más difícil ir a eventos musicales.
Los conciertos de Taylor Swift fueron parte de The Eras Tour, su primera gira después de la pandemia. Está rompiendo récords como uno de los fenómenos pop más importantes de la historia, con millones de dólares en consumo. Sin embargo, mientras sus seguidores pagan cualquier precio por verla, la presencia de Taylor Swift y otros grandes artistas internacionales encarece los hoteles, restaurantes o el transporte. Este frente de las llamadas swiftonomics puede empujar la economía o aumentar la inflación de un país, como Suecia con Beyoncé en mayo. Aunque el efecto es temporal, en la frágil economía argentina podría perdurar.
La inflación a ritmo de música urbana
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