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Taylor Swift publicó Fearless (Taylor’s Version), la primera de las regrabaciones de sus seis primeros álbumes, en abril de 2021. El lanzamiento obtuvo el mejor debut musical del año, un logro increíble para un álbum que lleva sonando en la radio más de diez años. Ahora acaba de sacar su segunda regrabación, RED (Taylor’s Version). Con cada una de ellas, la cantante no solo está recobrando el control sobre las canciones que escribió de adolescente sino que también demanda un cambio en la industria musical.
En otoño de 2019, Swift reveló que las grabaciones originales de sus álbumes habían sido vendidas sin su consentimiento. No es ni mucho menos el primer caso en la industria. Sin embargo, la decisión de Swift de regrabar su música ha reabierto un importante debate sobre los contratos abusivos que muchos jóvenes cantantes se ven obligados a firmar, y la necesidad de adaptar las leyes de derechos de autor a la era digital.
¿Quién es el dueño de la música que escuchas?
Las leyes de propiedad intelectual reconocen dos tipos de derechos de autor sobre una canción. Por un lado están los derechos de composición, que incluyen la letra, la melodía y los arreglos, y por otro existen derechos sobre la grabación, más conocidos como “máster”. Los máster afectan a una grabación concreta de una canción, que es la que la discográfica distribuye y puede licenciar para anuncios, películas o eventos.
La revolución de los festivales de música
Históricamente, los artistas no han sido dueños de los másteres de sus canciones, que por lo general están en poder de las discográficas. Algunos, como Beyoncé o Frank Ocean, consiguen con el tiempo el dinero suficiente para comprarlos. Otros no han tenido tanta suerte. Es así como ocurren situaciones como que la música de los Beatles fuera comprada por Michael Jackson, o la disputa legal que llevó a Kanye West a publicar fotografías de su contrato en Twitter.
Muchos artistas han...
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