La revolución de los festivales de música

Hoy en día, los festivales de música han adquirido una popularidad global y un modelo de negocio que ya no se basa exclusivamente en su oferta musical. Quizá gracias a ello, contribuyen a un cambio de paradigma en la industria del sonido que afecta directamente a la forma en la que escuchamos música.
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La revolución de los festivales de música
Festival de Tomorrowland. Fuente: Global Stomping (Flickr)

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De Woodstock a Coachella 
En agosto de 1969, apenas un año después de las revueltas de mayo en París y en pleno nacimiento del movimiento hippie y el pacifismo ante la intervención estadounidense en Vietnam, tuvo lugar en una granja de Bethel —una pequeña localidad en el estado de Nueva York— el primer festival de música contemporáneo, Woodstok, que reunió a casi medio millón de jóvenes bajo el lema de “Tres días de paz y música”. Este primer macrofestival se erigió en símbolo de la generación que protagonizó una auténtica revolución cultural, rechazando la sociedad en la que vivían con una combinación de rebeldía y paz. Cincuenta años después, aún se rememora Woodstock como una piedra de toque cultural de aquella generación.
Hoy en día, los festivales son bien distintos. Un ejemplo evidente lo ofrece la vestimenta: si en Woodstock triunfó un estilo basado nada más y nada menos que en el rechazo a la moda estándar occidental, los festivales de hoy en día son un lugar donde se definen las tendencias actuales. En Coachella —uno de los festivales hegemónicos de estos años, celebrado cada año en Indio, California—, encontramos eventos patrocinados por marcas de alta costura como Saint Laurent o Calvin Klein. ¿Qué ha pasado con los festivales en los últimos 50 años? Si bien Woodstock fue un hito cultural irrepetible, fue un desastre en términos económicos: la mayoría de los asistentes entró de forma gratuita pese a que el precio de la entrada era de 24 dólares por los tres días, y los organizadores solo recuperaron parte del dinero invertido gracias a los derechos de imagen de las actuaciones. En cambio, la entrada general a Coachella en 2019 costó 429 dólares y el festival ingresó casi 115 millones de dólares en 2017.
La respuesta corta es que los festivales se han comercializado. La respuesta larga es que, junto con otros fenómenos, son protagonistas de una revolución en la industria musical en la que, en resumidas cuentas, se ha invertido el modelo de negocio de ...

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Trajan Shipley

Madrid, 1997. Estudiante de Derecho y Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Soy español y estadounidense, y me interesan especialmente la economía y el comercio internacional, la integración europea y cuestiones jurídicas internacionales.