Ella es la cantante más famosa del mundo. Él es el magnate tecnológico más polémico. Los dos amasan millones de dólares y han logrado un nivel de influencia que va más allá de sus sectores y llega hasta la política. El pasado 10 de septiembre, Taylor Swift apoyó a Kamala Harris como candidata a la presidencia de Estados Unidos después del debate en el que la demócrata se impuso sobre Donald Trump. “¡Odio a Taylor Swift!”, respondió el expresidente en su red social Truth. Por su parte, Elon Musk ha apoyado la campaña del republicano, quien llegó a decir que lo querría en su Gobierno.
Taylor Swift y Elon Musk son la última prueba de la creciente polarización de la sociedad estadounidense. Swift representa el progresismo moderado demócrata, mientras que Musk se ha convertido en un referente del discurso de derecha radical trumpista difundiendo bulos y teorías conspirativas e incitando el odio en su plataforma X. Sin embargo, ambos también son prueba de lo influyentes que pueden llegar a ser figuras como ellos: representantes de unas élites económicas que, aunque defiendan una u otra causa, están lejos de quienes los admiran.
¿Nuevas formas de influencia política?
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