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Siria y en particular la familia del dictador Bashar al Asad han revivido una droga que parecía olvidada. Concebido como antidepresivo, Naciones Unidas había prohibido el “captagón” a finales del siglo pasado y sus reservas fueron destruidas. Sin embargo, el régimen sirio pasó a traficarlo en plena guerra civil. Desde entonces, las pastillas de captagón, muchas adulteradas, se venden ilegalmente por todo Oriente Próximo.
El Estado sirio y la familia Al Asad han ganado millones de dólares con el captagón para compensar los efectos de la guerra y las sanciones internacionales. La contrapartida ha sido una crisis de salud pública con miles de adictos en la región. Turquía o Arabia Saudí incautan con frecuencia lotes con millones de pastillas, pero son tan baratas de producir que siguen inundando las calles y las fiestas. Los países árabes están dispuestos a todo, incluso a pagarle a Siria y readmitirla en la Liga Árabe para que deje esta droga.
De pastillas antidepresivas a “pastillas yihadistas”
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