El proyecto Ucrania de Silicon Valley: usar la guerra para probar tecnologías de vigilancia

La guerra de Ucrania está siendo un campo de entrenamiento para Silicon Valley. Mientras Microsoft y Amazon prueban la seguridad de sus sistemas con el Gobierno, distintas ‘startups’ le aportan imágenes satelitales o reconocimiento facial. Sin embargo, después venderán esos datos y tecnologías a Estados que podrán usarlos con civiles.
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El proyecto Ucrania de Silicon Valley: usar la guerra para probar tecnologías de vigilancia
Fuente: elaboración propia con Midjourney

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Las imágenes satelitales avisaron de la inminente invasión rusa de Ucrania y ahora sirven para ver la evolución de los frentes. Empresas como Microsoft o Amazon protegen las telecomunicaciones ucranianas y hay startups que se dedican a procesar comunicaciones rusas. Son algunos ejemplos de cómo la tecnología está siendo determinante en la guerra de Ucrania. Sin la inteligencia y tecnología que Estados Unidos cedió en los primeros días de conflicto, el Ejército ucraniano no habría resistido el embate ruso en Kiev. Ya no importa cuán grande sea un ejército, sino su capacidad estratégica y tecnológica.

Estos avances vistos en Ucrania vienen de Silicon Valley, el famoso centro de desarrollo tecnológico público-privado ubicado en California. Tanto el Ejército estadounidense como las empresas privadas, que formalmente actúan por cuenta propia, se han promocionado cediendo sus herramientas. Pero no es una cesión gratuita: la guerra de Ucrania está siendo el laboratorio perfecto para que estas empresas desarrollen tecnologías que luego venderán a Washington y otros Gobiernos. Estos, sin embargo, podrán usarlas en tiempos de paz.

Satélites, guerra cibernética y reconocimiento facial

Antes de la guerra, la inteligencia estadounidense ya monitoreaba los movimientos del Ejército ruso para anticiparle a Ucrania cuándo comenzaría la invasión. Para esta vigilancia desde el espacio, el Pentágono usaba imágenes de sus propios satélites y de empresas de Silicon Valley como Planet, Capella Space y Maxar. Estas compañías han conseguido contratos millonarios con el Estado que además les permiten obtener datos de cómo se mueven los ejércitos en una guerra actual y de mapeado de zonas de guerra. Procesar toda esta información junto con el Pentágono les incentivará a seguir colaborando.

Gigantes tecnológicos como Microsoft y Amazon también han tenido una labor esencial en la guerra. En particular, para que los sistemas informáticos del Gobierno ucraniano sigan funcionando. Microsoft ha dado soporte al propio Gobierno y a organizaciones no gubernamentales en el país, que incluye desde material y equipo informático hasta apoyo en la guerra cibernética al probar la seguridad de su software contra los hackeos rusos. Amazon, a través de Amazon Web Services, está probando sus servidores de soporte y desarrollando softwares de seguridad que puedan competir con Microsoft. Mientras desarrollan esta tecnología, los dos gigantes tecnológicos recolectan datos de qué hacen un Gobierno y su ejército en guerra con sus dispositivos, y averiguan qué equipos suyos son los más atacados por el enemigo.

Por último, están las empresas Primer y Clearview AI. Primer es un startup que antes de la guerra analizaba datos de redes sociales, pero en Ucrania se dedica a captar, traducir, analizar y procesar comunicaciones rusas que no estén cifradas para ver si son útiles. Es decir, está desarrollando una inteligencia artificial que podrá jubilar o potenciar los actuales servicios secretos que monitorean redes sociales y comunicaciones. Clearview AI, por su parte, es un sistema de reconocimiento facial. Ucrania lo está usando para buscar e identificar tanto a personas desaparecidas como a militares enemigos. Con la guerra, la empresa está puliendo su tecnología, que podrá vender a Gobiernos nacionales o locales. Su uso puede abarcar desde la seguridad en aeropuertos hasta la vigilancia masiva, como ya hace China.

Del origen de Silicon Valley a Elon Musk

Todo este desarrollo tecnológico tiene sus raíces en la colaboración público-privada y la guerra. Silicon Valley, en California, surgió en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial combinando un complejo industrial-militar, programadores civiles formados en universidades como Stanford y grandes fondos de capital riesgo. A día de hoy las grandes compañías estadounidenses afincadas en Silicon Valley tienen estrechos lazos con el Gobierno. Otras son prácticamente subcontratistas de la CIA, como Palantir, una empresa dedicada a procesar datos digitales que ahora también está en Ucrania.

El caso de Starlink, compañía del magnate Elon Musk, ha sido diferente y más revelador sobre el poder de las empresas tecnológicas. Al empezar el conflicto, el ministro ucraniano de Transformación Digital le pidió por Twitter a Musk que instalase en Ucrania el internet por satélite que provee su empresa. Esta decisión ha sido crucial desde un punto de vista técnico para la propia compañía, que también aumenta su alcance y poder, y para el Gobierno ucraniano.

Mientras Starlink se vuelve crucial para que Ucrania gane la guerra, desplegar su tecnología en el país y comprobar su seguridad ante hackeos e intervenciones rusas de sus redes le reportó todo un aprendizaje. Además, para conseguirlo la compañía recibió la ayuda de Usaid, la organización y herramienta de poder blando de Estados Unidos que gestiona su asistencia para el desarrollo. Por su parte, el Gobierno ucraniano necesita mantener una conexión segura a internet en el país: el Ejército puede conectarse desde cualquier punto del territorio y la sociedad civil puede subir contenido a las redes sociales y girar el discurso político a favor de Ucrania.

El peligro es su uso contra civiles

Las guerras siempre han supuesto avances técnicos. La Segunda Guerra Mundial mejoró la aviación e inició la tecnología computacional, que después mejoró con la Guerra Fría. Durante esas décadas se desarrollaron las tecnologías sobre las cuales se asientan los avances actuales. La Unión Soviética, por un lado, invirtió en desarrollar tecnología digital y fue pionera en la computación. En Estados Unidos, el Estado también fue el principal inversor en estos avances que luego tuvieron uso civil, como Internet.

Pero con la guerra de Ucrania es distinto. Las empresas de Silicon Valley están adaptando y desarrollando sus tecnologías para luego sacar más rédito económico en el ámbito civil. Este modus operandi ya ha sido rentable con las redes sociales, donde las grandes tecnológicas venden soluciones a los problemas que generan sus propias plataformas. Con las herramientas desplegadas en Ucrania, las empresas podrán vender esa tecnología y la contratecnología para hacerle frente. Entre sus posibles compradores figuran Estados Unidos, China, que también podría copiarla, o el Reino Unido, para retomar su programa de vigilancia masiva.

Las empresas de Silicon Valley están desarrollando tecnologías que les permite procesar datos digitales a gran escala que terminarán en manos de esos y otros Estados. Al igual que Twitter, Meta o Microsoft censuran contenido en sus plataformas, los Gobiernos pueden ser autoritarios con ese poder. El ejemplo más claro es el reconocimiento facial, que podría desembocar en una distopía de la supervigilancia. Londres, por ejemplo, es una de las ciudades con más cámaras de seguridad. Con la tecnología de Clearview AI podría eliminar todo rastro de privacidad. Por ahora, los Estados ya les están concediendo un poder nunca antes visto a empresas que recopilan datos digitales para después venderlos al mejor postor.

Jaime Caro

Granada, 1993. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid con mención internacional por la Universidad de Columbia. Especializado en la alt-right y en la historia del socialismo en Estados Unidos. Técnico de Discurso y Estrategia Política en la Coalición Sumar.