Tres años después del último concierto de los Beatles en la azotea de Apple Corps en Londres, Paul McCartney fue censurado en los medios británicos. Su última canción, Give Ireland Back to the Irish, era demasiado incendiaria: simpatizaba con los independentistas en los años más duros del conflicto norirlandés entre católicos y protestantes probritánicos. A McCartney no le gustaban las canciones protesta, pero en esta ocasión utilizó su música para denunciar el Domingo Sangriento del 30 de enero de 1972.
Aquella tarde 15.000 personas se habían manifestado en Derry contra las leyes de internamiento sin juicio en Irlanda del Norte. Los disparos de los militares británicos hicieron de la marcha pacífica una masacre: veintiséis manifestantes resultaron muertos y catorce heridos. Diez días después, John Lennon y Yoko Ono escribieron Sunday Bloody Sunday. La composición inspiró una década más tarde un himno de la historia del rock: el tema del mismo nombre del grupo irlandés U2. Las canciones rebeldes irlandesas fueron banda sonora durante décadas de conflicto, y con las tensiones renovadas tras el brexit han vuelto a ser entonadas.
Irish rebel song, una forma de discurso
El folk ha sido fundamental para entender y extender el nacionalismo irlandés. La irish rebel song, o música rebelde irlandesa, mantiene la estructura, sonido e instrumentación de ese folclor tradicional, pero con otro mensaje. En vez de letras de eventos históricos ligados a Irlanda, sus héroes o mártires, las suyas tienen motivos de protesta. Este proceso musical empezó a tener gran importancia entre 1913 a 1923, con el periodo revolucionario, la guerra civil y el proceso de independencia del Estado Libre Irlandés.
Movimientos políticos de casi todos los matices emplearon las mismas canciones. El mayor ejemplo fue la balada The Foggy Dew, un tema escrito por Charles O’Neill ...