Hace años que Sudáfrica vive inmersa en una política de confrontación con un pasado que no consigue dejar atrás. Desde el final del régimen del apartheid se ha luchado por alcanzar las cotas de igualdad y desarrollo que el país más potente de África debería tener. Sin embargo, es el décimo país más violento del planeta y la desigualdad entre ricos y pobres es más alta que en la década de los 90. Todo este caos ha despertado uno de los fantasmas del cono sur africano: el reparto de la tierra. Un debate político que lleva años resonando en la conciencia de los sudafricanos y que aún parece que no se ha resuelto.
Durante la época colonial y el posterior régimen del apartheid, la tierra quedó en manos de la minoría blanca del país. Tal era la disparidad que cuando terminó el apartheid el 87% de la tierra estaba en manos del 10% de la población —blancos, por supuesto—. Pese a las políticas que se aplicaron durante la década de los 90 y principios del 2000 para reducir la desigualdad, poco se ha solucionado. Mandela sentó las bases para el proceso de reparto de la tierra, pero no se llevó a cabo en profundidad.
Para ampliar: “El legado de la exclusión racial en Sudáfrica”, Fernando Rey en El Orden Mundial, 2016
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